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La policía y el ladronzuelo (4)
Fecha: 12/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: El otro yo, Fuente: CuentoRelatos
... que solo la lamía le indicó que la chupara despacio y alternara con lamidas. De a poco fue mejorando. Cuando estuvo lubricada lo agarró con una mano de su cabeza y empezó a moverse adelante y atrás sin dejar que se separara de ella. Gemía despacio. Pensar que la inexperiencia del malhechor no era únicamente en las labores hogareñas la hizo sonreír. Igualmente lo veía cada vez más compenetrado. Sus ojos cerrados, su respiración agitada, su boca recorriendo su entrepierna buscando los lugares más sensibles y la mejor forma de estimularlos. Dándose media vuelta vio que lo estaba disfrutando. Cuando casi de casualidad dio un lametazo al clítoris la agente gimió por primera vez con intensidad. El ladrón intentó torpemente volver a acertar a ese punto tan sensible tanto con lamidas como con succiones, pero no lograba hacerlo. Los movimientos de la policía encima suyo y la imposibilidad de agarrarla dificultaban mucho esta tarea. Notando esto y sabiendo que era su primera vez complaciendo a una mujer dijo -Voy a ayudarte por esta vez –desató una mano– podés agarrarte de mi, pero no vas a correrte hoy –sintió como ...
... su equilibrio y la puntería del ratero mejoraban notoriamente– a cambio de esto podés tocarme el culo, que sé que querés hacerlo. La oficial empezó en ese momento a gozar de verdad. La falta de experiencia la compensaba con el énfasis que ponía en darle placer. Con las dos manos en sus nalgas guiaba su clítoris al medio de sus labios y alternaba pequeños roces con la lengua, mordiscos y chupones. Agostina lo alentaba a que siguiera y el joven ladrón respondía con ahínco. Finalmente empezó a emitir gritos cortos. Al mismo tiempo se penetró a toda velocidad con dos de sus dedos. Gemía y gemía acercándose más al delicioso final. Una mordida más fuerte en su centro de placer le hizo alcanzar su clímax. Mientras se corría no dejaba de penetrarse y gritarle al joven entre sus piernas que no se detuviera. Después de un último y largo suspiro se derrumbó encima suyo. Descansaron así unos minutos. Después de recuperada volvió a atar al malviviente y le dio las buenas noches, meneándole nuevamente el culo. El delincuente estaba más caliente que la noche anterior, pero todo su enojo y frustración habían desaparecido.