1. Habitación compartida en el hostal II


    Fecha: 13/01/2026, Categorías: Gays Autor: lasfantasiasdev, Fuente: TodoRelatos

    La situación había alcanzado un límite, y no porque él o yo hubiéramos pisado el freno. La tos proveniente de la cama de abajo pasó del carraspeo común a una escalada de sonidos violentos al tiempo que el hombre se intentaba incorporar. Tobiah me lanzó una mirada de preocupación y yo, con la mano en aquella posición tan comprometida, quedé inmóvil, esperando alguna pista sobre qué le pasaba. Aquel tercer hombre era alto, muy alto, tanto que diría que casi tenía que encorvarse para no chocar con la litera de arriba. Cuando logró hablar, solo consiguió articular, con una voz ronca y matiz exigente, una frase:
    
    —Water! —reclamó con fuerza. Luego reguló el volumen, pero no claudicó en su urgencia—.Please, water.
    
    Actué enseguida. Sin pararme a preguntar a quién pertenecía, le alcancé una botella de agua a medias que había sobre el modesto escritorio de nuestra habitación. Mientras extendía la mano para dársela, recordé que era la misma con la que me estaba revolviendo los huevos hace un minuto. "Ups...".
    
    El hombre me arrebató la botella y se la llevó a la boca de inmediato. Tragaba como un animal sediento. Yo aproveché para mirarlo mejor. Sus dedos eran largos y finos, acordes con su apariencia delgada. Tenía la piel de un color canela quemado, con algunos surcos y arrugas. ¿Cuántos años tendría? ¿Cuarenta, quizás? Su aspecto desaliñado no favorecía nada una estimación menor: despeinado, con la camisa manchada y mal abrochada.
    
    —Lots of fun last night, huh? —El sonido ...
    ... de aquella voz cálida volvía a llenar la habitación desde su litera de arriba.
    
    —Man, it was crazy...
    
    No tenía que jurarlo. Yo volví a mirar a Tobiah, como preguntándole "¿y ahora qué?". Sus ojos compasivos y profundos sostuvieron mi mirada, transmitiéndome tranquilidad y confianza a la vez. Solo se encogió de hombros, haciendo que sus abultados pectorales se estirasen y volvieran a relajarse. Justo cuando comenzaba a abrir la boca para decirme algo, su expresión cambió.
    
    Abrió mucho los ojos y, en una fracción de segundo, se inclinó hacia mí. Lo siguiente que sentí fue su gran mano firme en mi hombro, apartándome a un lado. Su fuerza desmedida hizo que casi perdiera el equilibrio. De inmediato se escuchó un chapoteo pastoso caer a raudales sobre el vinílico del suelo. Sí, estaba potando. Mucho.
    
    En ese preciso instante, como si se tratara de una cámara oculta, se abrió detrás de mí la puerta de la habitación, revelando el rostro de un chico joven, asiático, en total desconcierto.
    
    Yo me giré, solo rotando el torso, para mirarlo. Hubo un silencio muy incómodo por lo que parecieron minutos. Luego, intentó forzar una sonrisa que terminó en una mueca incómoda.
    
    —Cambio de último minuto... —explicó, agitando la llave en su mano.
    
    Y esa probablemente fue una de las presentaciones más surrealistas para todos. ¡Menudo cuadro! Se abre el telón y aparecen un borracho vomitando, un grandulón sin camiseta y un chaval de espaldas en unos bóxers demasiado ajustados. Se me ...
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