1. Habitación compartida en el hostal II


    Fecha: 13/01/2026, Categorías: Gays Autor: lasfantasiasdev, Fuente: TodoRelatos

    ... Me había tocado como compañero de habitación uno de esos tipos que son jodidamente sexis sin estar consciente de ello. Lo bueno que estaba...
    
    Y, mientras me deslizaba en mis ensoñaciones, noté que frenaba en seco, vacilaba un momento y luego volvía sobre sus pasos. Disimulé tecleando en el móvil como si nunca me hubiera quedado embelesado mirándolo. Se acercó hasta mí.
    
    —Hey, el desayuno del hostal ya está cerrado —anunció, rascando detrás de la nuca—, pero yo voy a la churrería de al frente. ¿Tú quieres venir?
    
    Su español tampoco era perfecto, pero me derretía el cuidado con el que pronunciaba las palabras. ¿Me estaba invitando? Sí, ¿no? Mi corazón comenzó a acelerar de cero a cien en segundos. Me trabé y estoy seguro que notó mi nerviosismo, pero mantuve la compustura. Acepté acompañarlo. Después de todo, yo no tenía planes, y si los hubiera tenido, los hubiera cancelado sin pensarlo. Sentía que mi cuerpo haría cualquier cosa por seguir respirando su olor un rato más.
    
    El desayuno fue, en realidad, breve. No sé, en concreto, qué expectativas tenía, pero sé que se me hizo muy corto. Era como estar esperando cada minuto algo que no terminaba de llegar. Aun así, estar tan cerca de Tobby me bastaba. Tuvimos alguna conversación trivial sobre la ciudad y, cómo no, del tiempo. Ya me había comenzado a relajar y a asimilar estar cerca de aquelbig boy tan adorable cuando soltó:
    
    —Mucho calor, ¿no?
    
    —Esta ciudad es lo más cercano al infierno que conocerás ...
    ... —confirmé, partiendo un churro a la mitad—. El verano es muy caluroso.
    
    —Es cierto —respondió él, y su mirada pasó de la calle a mis ojos—. Aunque hay algunas mañanas más calientes que otras, ¿no?
    
    Sentí un vuelco en el estómago (¿o quizás más abajo...?). Me ardía la cara y fui incapaz de reaccionar, más allá de esbozar una temblorosa sonrisa. Él parecía del todo despreocupado, aunque yo juraría haber notado un gesto en su boca que antes no estaba ahí. Mi diálogo interno comenzó a colapsar. ¿Querría decirme algo? ¡Me había visto empalmado! Seguro que lo decía por cómo amanecí... ¿O sería solo una forma rara de hablar? Quizás lo decía por la ducha... O por salir en bóxers...
    
    Antes de que me diera cuenta, ya nos estábamos despidiendo en la puerta del local y él se alejaba, dejándome la cabeza (¿las cabezas?) hecha un lío. La vergüenza es una sensación extraña. Es tan visceral como inofensiva. Cerré los ojos, respiré profundo y empecé a andar. Aquello era otra trampa de la culpa. Y yo no iba a caer. Sonreí con picardía. Este juego solo acababa de empezar...
    
    Pude mantener la cabeza despejada por el resto de la mañana. Ir de compras me ayudó a distraer la mente de cualquier pensamiento flagelante. Disfruté tener tiempo para mí, a solas, sin presiones. Para cuando volví de comer con mis colegas, luego de una sobremesa extensa y llena de risas, ya comenzaba a entrar la tarde. Quedaba poco para la hora punta del metro, y se notaba. Los andenes llenos de gente, el ruido de las ...
«1234...9»