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Habitación compartida en el hostal II
Fecha: 13/01/2026, Categorías: Gays Autor: lasfantasiasdev, Fuente: TodoRelatos
... el esfuerzo de apartarme cuando el primer chorro helado me pegó en el pecho. La buena ducha de media tarde siempre era un momento sagrado. Me ayudaba a meditar y ordenar lo que había pasado en el día, permitiéndome reenfocarme en mí. En aquella ocasión tenía mucho en que pensar. Solo esa misma mañana había pasado de la humillación de amanecer con el nabo tieso a manosearme indiscretamente frente a Tobby, pasando por todo tipo de presentaciones incómodas. Dejé que el agua me empapara la cabeza, pegándome el pelo a la cara. Relajé los hombros mientras todas las tensiones del día se deslizaban por mi espalda y escurría por mis piernas hasta arremolinarse en el desagüe y perderse. Comencé a enjabonarme mientras acariciaba a conciencia mi cuerpo. Primero el champú, luego el resto. Pasé las manos por mi pecho, presionando y agarrando mis pectorales. Luego bajé al ombligo. Empleé el mismo cuidado en brazos, espalda y piernas. Cada zona era un territorio favorable para el cuidado y el mimo. Así llegué a la parte a la que más esmero dedicamos todos los hombres. Comencé por enjabonarme bien las bolas y ese contacto, por primera vez en un ambiente más cómodo y privado, me arrancó un gemido ronco. Hizo que me inclinara y tuve que apoyar la mano en la pared mientras me lavaba el resto. No estaba dura, pero seguía siendo muy placentera la sensación de mis manos acariciando ese pedazo de carne que me colgaba entre las piernas. Mis dedos iban de la base al pellejo y de regreso, ...
... mientras notaba el deseo correrb libre por las venas que comenzaban a llenarse. No tardó en ponérseme dura como una roca. Resoplé al impulsarme hacia atrás, apoyando los omóplatos contra la pared y empujando las caderas hacia delante. Ahí estaba al descubierto, exhibiéndose gloriosa, mi tremenda erección. Una polla joven, saludable y con ganas de comerse el mundo. Incluso a mí me resultaba hipnótica. Veía, con la respiración entrecortada, cómo el agua caía sobre esa cabeza hinchada y brillante mientras la meneaba en el aire. Madre mía, qué putamente cachondo estaba... No podía dejar de mirármela y agitarla. Mi mano se aproximaba lenta, llena de dudas. ¿De verdad me iba a cascar una paja allí? ¿Tan salido estaba? A través del cristal, le eché una mirada a aquellos calzoncillos amarillos, como buscando algún remanente de mi fuerza de voluntad. Pero una vez sentí el agarre de mis dedos alrededor de mi miembro grueso, no hubo marcha atrás. —Hostia... —Solté alargando las sílabas y sin medir el tono. Tenía el rabo ardiendo. Tampoco es que fuera la primera vez que me hacía una paja en un lugar semipúblico. Alguna anécdota tenía en los vestidores y las lefadas en los cúbiculos del instituto mejor ni contarlas. Ahora lo único que me devolvía aquella ropa interior colgada no era pudor, sino un delicioso cosquilleo en los huevos que se acompasaba bien con la temperatura del agua. A veces, aquello era todo lo que un hombre necesitaba: un momento para consentirse la polla con las ...