1. Incesto entre un cura y su madre


    Fecha: 15/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    ... madre, es un pecado de mujer.
    
    Martina se arrodilló delante de su hijo, le levantó la sotana y cómo no llevaba nada debajo se encontró con la verga.
    
    -¡Qué barbaridad!
    
    Era, era una barbaridad, tenía una verga que entraría justa en el tubo de un papel de wáter, y medía unos diecisiete centímetros, su capullo era puntiagudo y después iba haciéndose más y más gruesa hasta llegar a unos cojones cómo pelotas de golf. Marina rodeó con su mano izquierda el capullo y con la derecha el cuerpo del delito y lo masturbó mientras Álvaro se quitaba la sotana, después metió el capullo en la boca y lo mamó… Luego se la mamó metiendo toda la que le cabía en la boca… Le lamió y chupó los huevos, lamió desde la base al capullo. Le hizo una mamada en toda regla. Se veía que la beata, antes de beata fuera puta, o nunca dejara de ser puta, eso solo lo sabía ella. Cuando se puso en pie y volvió a besar a su hijo sus gordos pezones ya rayaban diamantes de lo duros que estaban. Álvaro lo supo cuando echó a su madre sobre su cama y posó la lengua sobre uno de ellos. Hizo lo que le gustaba, aplastarlo con la lengua y hacer círculos sobre él y sobre las areolas y añadió la mamada. Martina echó la mano al coño y comenzó a masturbarlo, Álvaro le pegó en la mano con la suya, se la quitó del coño, y le dijo:
    
    -Eso no se hace, madre.
    
    Martina se resignó.
    
    -No, hijo.
    
    Álvaro antes de cura fuera gaitero, ya que después de comer las tetas con maestría su lengua hizo estragos en el coño de ...
    ... su madre desde el primer segundo, ya que en el primer segundo metió todo el coño en la boca, pelos incluidos, y le metió la lengua dentro de una estocada cómo si se tratase de una polla, después lo lamió y succionó el clítoris, al succionarlo salió el glande de él y al lamerlo, Martina le dijo:
    
    -Si sigues me corro, hijo.
    
    -¿Quiere que siga o no, madre?
    
    La respuesta de Martina fue coger la cabeza de su hijo y devolver la boca al lugar que estaba. Unas lamidas después le decía:
    
    -¡Me corro!
    
    Martina tembló, se retorció y levantó la pelvis hasta el infinito, pero su hijo no dejó de lamer el clítoris hasta que acabó de correrse.
    
    Al acabar Martina resoplaba y se daba aire con las dos manos. Álvaro mirándola, le preguntó:
    
    -¿Disfrutó, madre?
    
    -Disfruté, hijo. Deja que descanse y haré que disfrute tú.
    
    Álvaro, que le gustaba beber más que follar, se levantó de la cama, abrió un cajón de la cómoda y debajo de la ropa sacó una botella de Terry centenario al que le había quitado el dosificador, y a morro le echó un trago largo. Le preguntó:
    
    -¿Quiere, madre?
    
    Martina no daba crédito a lo que estaba viendo. Su hijo parecía un alcohólico y siempre echara pestes sobre el alcohol.
    
    -¡¿Cuándo empezaste a beber?!
    
    -En el seminario.
    
    -¿Y dejas un polvo a medias para beber?
    
    -Tú necesitabas descansar y yo necesitaba echar un trago. Es lo que hacía en el seminario.
    
    -¿Eso hacíais para divertiros?
    
    Echó otro trago.
    
    -Para divertirnos hacíamos otras ...