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Mi primer piso de estudiantes 2. (Corregido)
Fecha: 19/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Marcos Sur, Fuente: TodoRelatos
Pasaron los días -y ya nada era igual-. Quizá, la complicidad había crecido con mis dos compañeras. Laura se reía cuando hablábamos a solas e imaginaba cómo le sentaría a Juanjo mi cercanía a Marta. Todos los días hacíamos las tareas en común de casa sin ningún problema y nos complementábamos como buenos compañeros de piso. Todo era genial y se rompía tan sólo cuando aparecía Juanjo en casa, dando la nota y alterando la calma. Yo había aprendido a interpretar un papel para pasar desapercibido -distinto al habitual- y que ponía en práctica los días que llegaba el novio opresor. Laura, un día de copas, me confesó que Marta estaba encantada conmigo y a mí se me fue la lengua, diciéndole que a mí me parecía que estaba muy buena y que no merecía un novio tan depravado. No sé si fue un error -o un acierto- pues fue evidente que se lo contó a Marta, pasando a un escenario de indirectas impensables días a atrás. Nos hacíamos bromas, empujones y risas todo el día. En esa confianza, me contó que Juanjo era de una familia con mucho campo y dinero, relatándome que -pese a tener seis años más que ella- era el único novio que había tenido. Me contaba los miedos que le tenía, su frustración y la presión de todos en el pueblo para que continuaran de novios. Tanto es así, que ella me detalló todo el ajuar que le estaban preparando para casarse, estando decidida ya la casa que construirían para ellos cuando acabara la carrera. Algunas veces, cuando tomábamos vino en casa, ella ...
... confesaba la falta de ilusión que tenía y lo amargada que estaba. Los días que él llegaba se repetían las broncas y los insultos. Reproches donde me nombraba, intentando que me picara y saltara. El iluso no era capaz de hacer feliz a su novia con esas maneras y a mi cada vez me atraía más. Pero el colmo fue un día señalado, donde llegue a la hora de comer. Él - en la cocina- le gritaba, diciéndole que quién coño se pensaba que era para no obedecerle, que era una zorra y -a la vez- zarandeaba por los hombros. Yo dejé la carpeta en la mesa y no pude quedarme quieto. Lo separé y le dije que parara o llamaría a la policía. Tanta fue la tensión que Juanjo decidió irse, mientras desde la puerta amenazaba con contarle a los padres de Marta la mierda que era su hija. Unos gritos terribles -que retumbaban en todo el piso- al mismo tiempo que golpeaba las paredes. Juanjo pegó un portazo y Marta quedó en el suelo llorando, con su pelo despeinado y su cara de incredulidad con lo que acababa de pasar. La agarré de las manos levantándola, abrazándola y susurrándole que ya había pasado, mientras acariciaba su espalda e intentaba relajarla. Ella llevaba una falda vaquera y una camisa donde caían sus lágrimas. Le ofrecí un poco de agua para aliviar el disgusto y le dije que era demasiado guapa para llorar por un imbécil. Hice que se le escapara una sonrisa y nos abrazamos de nuevo mientras ella me susurraba: - -“Gracias Marcos, siempre te hago pasar por mis malos ratos” y me dio un ...