1. A DOBLE TIEMPO: Un juego peligroso, parte 3


    Fecha: 26/01/2026, Categorías: Hetero Infidelidad Autor: Afres, Fuente: SexoSinTabues30

    El trabajo seguía su ritmo habitual, ir y venir desde la faena a la capital daba tiempo para pensar en lo ocurrido esos días atrás, en ocasiones de chofer, en otras de acompañante.
    
    Las imágenes venían solas: una risa, una frase suelta, el gesto serio de alguien que evitó despedirse. Afuera, el paisaje apenas cambiaba: cerros polvorientos, camiones que iban pesados cuesta arriba, y algún burro solitario que aparecía entre los matorrales como si siempre estuviera esperando a alguien.
    
    El ruido del motor era constante, como un latido. Y entre el vaivén del camino y el calor que subía desde el suelo, todo parecía una película que uno había visto muchas veces, pero que esta vez tenía otro sentido.
    
    Pensaba en Ignacia, inevitablemente.
    
    En cómo se le enredaba el pelo cuando salía de la ducha, en la manera en que se reía con los ojos cerrados, como si así protegiera algo que no quería mostrar del todo.
    
    Los encuentros habían sido pocos, casi robados. Pero intensos. De esos que se quedan pegados en la piel, aunque uno se duche con agua bien caliente.
    
    A veces pensaba que todo habría sido más fácil si se hubieran conocido en otro tiempo, sin las barreras que ahora imponían los sentimientos. Por un lado, estaba seguro de lo que sentía por Laura, su esposa. No quería dejarla. No era solo costumbre ni compromiso: era amor, un amor sereno, cultivado con los años, sostenido en las pequeñas cosas de la vida compartida.
    
    Pero entonces estaba Ignacia.
    
    Con ella, todo era ...
    ... distinto. Le había abierto la puerta a emociones que nunca antes había experimentado. Había algo en su risa, en su forma de mirar, que lo desarmaba. Era deseo, sí, pero también una especie de conexión que lo sacudía por dentro. Una intensidad que lo hacía cuestionarse, que le devolvía partes de sí mismo que creía dormidas o perdidas. Con Ignacia, sentía algo que no sabía explicar del todo, pero que era tan real como la certeza que tenía de que su vida no volvería a ser la misma.
    
    Ignacia nunca pidió nada. Nunca exigió promesas ni inventó futuros. Siempre supo en qué terreno caminaba, y aún así decidió quedarse un rato más. Tal vez porque él le hacía bien, o porque en sus silencios compartidos encontraba algo parecido a la paz.
    
    No era ingenua. Sabía que había otra, que no competía por amor ni por lugar. Y sin embargo, su cariño era honesto, sin disfraces. Se entregaba con esa mezcla de dulzura y coraje que tienen quienes no esperan mucho, pero aún así dan todo.
    
    A veces él la notaba callada, como si estuviera midiendo la distancia entre lo que deseaba y lo que realmente podía tener. No reclamaba. Pero tampoco era indiferente. Amaba desde donde podía: con ternura, con pasión, con una tristeza tranquila que a veces dolía más que cualquier reproche.
    
    Ignacia no era una amenaza. Era una posibilidad. Un espejo donde él se veía distinto, más vivo, más libre. Y quizá por eso dolía tanto alejarse de ella, porque al hacerlo, también se alejaba de una parte de sí mismo.
    
    Laura no ...
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