1. A DOBLE TIEMPO: Un juego peligroso, parte 3


    Fecha: 26/01/2026, Categorías: Hetero Infidelidad Autor: Afres, Fuente: SexoSinTabues30

    ... libertad con la que hablaba sobre todo lo demás. Pero no podía. Las palabras se quedaban atrapadas en su garganta, y el miedo a romper lo que había entre ellos lo paralizaba.
    
    —No lo sé —respondió finalmente. Y al hacerlo, se dio cuenta de que esa frase era, en cierto modo, su respuesta. No sabía qué hacer, ni qué quería. Su vida con Laura era segura, estable, pero con Ignacia sentía que todo cobraba otro sentido, una emoción que lo arrastraba.
    
    Ignacia sonrió, esa sonrisa triste que solo ella sabía regalar. Era como si lo entendiera mejor que él mismo.
    
    —Tienes miedo de lo que podría ser, ¿verdad? —dijo con suavidad, como si estuviera desnudando su alma. No necesitaba que Andrés respondiera. Sabía lo que pasaba por su mente. Sabía que él, al igual que ella, estaba atrapado en algo que no podían controlar.
    
    Andrés cerró los ojos por un momento, dejando que la confesión de ella lo envolviera. Sabía que lo que ella decía tenía razón. Pero, ¿y Laura? ¿Y la vida que había construido con ella? ¿Era todo lo que tenía, o había algo más en lo que ignoraba su propio corazón?
    
    —¿Y tú, Ignacia? ¿Qué esperas de esto? —preguntó, con la voz más suave de lo que pretendía. Su pregunta no era una acusación, sino una invitación a desvelar lo que ambos ya sabían pero no se atrevían a pronunciar.
    
    Ella lo miró fijamente, sin apartar la vista. Hubo un silencio largo, cargado de todo lo que no se decía, de todo lo que se había quedado en el aire desde su primer encuentro.
    
    —Yo… no ...
    ... espero nada, Andrés. Solo estoy aquí. Ahora. Con lo que hay. —Sus palabras fueron sencillas, pero cargadas de una melancolía que le dio una nueva dimensión a su presencia. Ignacia no lo esperaba. Sabía lo que era estar ahí, en el momento, aceptando lo que fuera que los uniera, aunque eso significara no tener certezas.
    
    Andrés no sabía si debía sentir alivio o culpa. Tal vez las dos cosas. Pero algo se quebró dentro de él cuando vio la mirada de Ignacia. Algo se rompió en el aire entre ellos, algo que ya no podría volver a ser lo mismo.
    
    —Tienes razón —dijo, sin saber si hablaba consigo mismo o con ella. Se quedó en silencio por un rato, sintiendo el peso de las palabras no dichas, las decisiones que se habían tomado sin haberlas pensado bien.
    
    Ignacia no respondió. Solo lo miró, y en su mirada había una especie de comprensión silenciosa. Ella lo había entendido siempre, tal vez más de lo que él quería.
    
    Al final, el encuentro no dejó más que una sensación extraña entre los dos, como si hubieran tocado un punto que ya no podía deshacerse. Y aunque no dijeron nada más, ambos sabían que algo había cambiado, y que, al menos por ese momento, solo quedaba seguir adelante con lo que quedaba entre ellos.
    
    El coche estaba vacío, igual que su mente. Andrés arrancó el motor con una lentitud que parecía reflejar el peso de sus pensamientos. El café ya quedaba atrás, y con él, las palabras no dichas, los gestos que sobraron y la quietud de Ignacia, tan serena, tan difícil de leer. ...
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