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A DOBLE TIEMPO: Un juego peligroso, parte 3
Fecha: 26/01/2026, Categorías: Hetero Infidelidad Autor: Afres, Fuente: SexoSinTabues30
... era tonta. Nunca lo había sido. A veces fingía no ver para no romper lo que tanto habían construido juntos, pero la intuición siempre le susurraba cosas que él no decía. Sabía que algo había cambiado. Lo notaba en su forma de mirarla, en la distancia silenciosa que se colaba entre los gestos cotidianos. Lo conocía demasiado bien para no notar los vacíos. Pero también sabía que el amor no es una línea recta, ni una garantía perpetua. El suyo, ese que habían tejido a lo largo de los años, estaba hecho de respeto, de paciencia, de haber estado el uno para el otro cuando el mundo se caía. Laura lo amaba. No con la urgencia de los primeros días, sino con la profundidad que dan los años vividos. Tal vez por eso dolía tanto sentir que ya no bastaba. Pero no se rendía. Porque amar, para ella, no era solo sentir. Era también sostener, esperar, comprender… incluso cuando lo que más quería era que él volviera a mirarla como antes. El pequeño café estaba casi vacío, como siempre a esa hora. Solo un par de mesas ocupadas por algunas personas solitarias o parejas que se cruzaban con miradas furtivas. El aire olía a café recién hecho, a hojas secas que ya se empezaban a sentir en el ambiente. Ignacia estaba allí, sentada cerca de la ventana, mirando sin ver. Su café intacto, como si el tiempo se hubiera detenido para ella en ese instante. Andrés entró, y la vio al instante. Había algo en su manera de estar allí, tan tranquila, tan segura, que lo desarmó. A veces pensaba que ...
... Ignacia parecía entenderlo sin palabras, como si supiera qué había detrás de su mirada perdida. Se acercó, y ella levantó la vista en cuanto él estuvo cerca, una sonrisa suave jugando en sus labios. —No llegaste tarde —dijo Ignacia, y su voz sonaba como si compartiera un secreto, como si su encuentro no fuera solo casualidad. En sus ojos brillaba una mezcla de complicidad y tristeza, como si todo lo que había entre ellos estuviera a punto de romperse, pero aún se aferraba a esa frágil conexión. Andrés se sentó frente a ella, sin saber si debería hablar primero o esperar. Sus manos se posaron sobre la mesa, pero la tensión entre ellos era tan palpable que casi podía escuchar el latido de su corazón. —No, solo… necesitaba estar aquí, un momento. —Él lo dijo con la voz baja, como si las palabras no pudieran expresar del todo lo que sentía. Estaba cansado, pero no solo físicamente. Había algo que lo agotaba por dentro, algo que no podía poner en palabras. Ignacia lo observó durante unos segundos. Parecía que ella también había sentido esa tensión, esa necesidad que ninguno de los dos sabía cómo gestionar. —¿Y qué es lo que te pasa, Andrés? —preguntó, sin rodeos, mientras jugaba con la taza entre sus manos. Su mirada no era acusatoria, sino curiosa, casi como si se hubiera acostumbrado a escuchar las verdades que él no quería pronunciar. Él desvió la mirada, buscando algo fuera del café, pero nada le daba respuestas. A veces deseaba poder hablarle con la misma ...