1. A DOBLE TIEMPO: Un juego peligroso, parte 3


    Fecha: 26/01/2026, Categorías: Hetero Infidelidad Autor: Afres, Fuente: SexoSinTabues30

    ... una última mirada al retrovisor, Andrés se adentró en el pueblo. La casa lo esperaba. Laura lo esperaba. Y sin embargo, la pregunta seguía sin respuesta: ¿Qué quería él realmente?
    
    Laura estaba en la cocina, como siempre. La luz entraba suave por la ventana, iluminando los detalles del lugar: la mesa de madera, las sillas que se habían desgastado con el tiempo, el frutero siempre lleno aunque nadie comiera la fruta. Había algo en ese espacio que los definía: lo sencillo, lo cotidiano, lo que seguía allí a pesar de todo.
    
    Él se quedó en el umbral, observándola. Estaba preparando el café, como siempre. Un gesto que hacía con tal naturalidad que a veces parecía olvidarse de que lo hacía para él. O quizás, tal vez, lo hacía solo por el hábito de seguir adelante. El ritmo de su vida no había cambiado, aunque los días se sentían diferentes.
    
    —¿Qué piensas? —preguntó Laura sin volverse. La pregunta era suave, como si ya supiera que algo no estaba bien, pero no quería presionarlo. Estaba dispuesta a esperar a que él hablara, si es que alguna vez lo hacía.
    
    Él la miró por un momento, sin saber qué decir. Había algo en su voz que lo frenaba, algo que lo hacía sentir como un niño descubierto en una mentira que no sabía cómo explicar. Pero al mismo tiempo, había una calma en su presencia que lo envolvía, como si ella hubiera aprendido a sostenerlo incluso cuando él no podía sostenerse a sí mismo.
    
    —Nada… solo pensaba en cosas… —respondió, su voz quedándose en el aire, como si ...
    ... no quisiera decir lo que realmente estaba pensando.
    
    Laura suspiró, pero no fue un suspiro de frustración ni de enojo. Era uno de esos suspiros largos que las mujeres a veces dejan escapar cuando ya lo han dicho todo sin decir una palabra.
    
    —¿Sabes? A veces creo que ya no sabes qué es lo que quieres, y eso me asusta —dijo, finalmente girándose para mirarlo. Sus ojos eran tranquilos, pero había algo en su expresión que no podía ocultar: una melancolía suave, una tristeza silenciosa que lo atravesaba como una aguja fina.
    
    Él sintió el peso de sus palabras, como una verdad incómoda que se colaba en cada rincón de su cuerpo. ¿Qué podía decir? ¿Que había otra mujer? ¿Que sus sentimientos se fragmentaban entre el amor que sentía por ella y la incertidumbre de lo que experimentaba con Ignacia?
    
    —Lo sé —murmuró, incapaz de mirarla directamente.
    
    Laura lo observó por un largo minuto, como si estuviera esperando que él fuera capaz de dar un paso hacia ella, de explicarle lo que no estaba siendo dicho, lo que no se podía entender solo con palabras. Pero no lo hizo.
    
    —Te quiero —dijo simplemente, después de un largo silencio—. Y quiero que sigas siendo tú, con todo lo que eres. Aunque a veces no sé si eso es suficiente.
    
    Las palabras se quedaron flotando entre los dos, como una cuerda tensa que se rompía lentamente. Él sintió que la culpa se apoderaba de él, pero también esa especie de vacío que venía con el reconocimiento de que quizás, a veces, el amor no era suficiente ...
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