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Atelier
Fecha: 03/02/2026, Categorías: Transexuales Autor: Voluptas, Fuente: TodoRelatos
... en la cama con la luz apagada y las persianas medio abiertas. El silencio de la casa lo abrazaba como un secreto compartido. Cruzó una pierna sobre la otra y bajó el pantalón. Las medias negras, ceñidas a su piel pálida, le daban la ilusión de pertenecer a otro cuerpo, a otra vida. Se hizo una foto. Luego otra. Su muslo, la curva de su cadera envuelta en elástico. Su clavícula, su cuello estirado hacia atrás. Todo sugerente, delicado. Como si se desnudara de lo impuesto. Publicó esas imágenes en una cuenta recién creada:eliane_blanco. Un nombre que llevaba años susurrándose en la cabeza como un eco prohibido. No sabía exactamente a quién quería llegar. Solo sabía que, al ver su reflejo en la pantalla, algo se acomodaba en su pecho. Y por primera vez, no sintió culpa. Tenía miedo, sí. Pero culpa no. En el día a día, seguía siendo Elías. El buen hijo. El ayudante en la boutique familiar. El chico de voz suave, siempre dispuesto. Pero en las noches, cuando la casa dormía y el mundo parecía más ancho, Eliane empezaba a florecer. Y con ella, un rincón del mundo donde todo era posible. No perfecto. Pero posible. Delgado, de complexión fina, con facciones más suaves de lo que un “hombre de verdad” debía tener. Sus labios carnosos, la nariz recta, los pómulos apenas marcados y los ojos avellana que a veces parecían llorar. Su cuerpo era una frontera. Lo bastante masculino para pasar desapercibido. Lo bastante andrógino para soñar con otro destino. Y ahora no estaba ...
... solo. Esa cuenta cobró vida. Comentarios tímidos primero, luego más audaces: “¿Esa cintura es real?” “Me gustaría verte con un vestido largo”. “Dime que ese cuello es tuyo…” Palabras que no se atrevían a decirse en voz alta en su mundo, pero que allí se deslizaban como dedos sobre piel desnuda. Elías creyó que podía tenerlo todo: la fachada y la verdad. Sonreía sin ocultarlo, su andar encorvado de semanas atrás rechinaba ahora con los hombros firmes. Su postura, su forma de caminar… algo en él había cambiado. Las conversaciones con los chicos, antes incómodas, ahora lo inspiraban: las imágenes en su mente —él como protagonista, no espectador— lo impulsaban hacia territorios íntimos que apenas se atrevía a rozar. Esa seguridad fue la que lo llevó más allá de sus límites autoimpuestos. Una tarde, mientras hacía inventario en el negocio —esa mezcla de boutique y taller artesanal lleno de telas, botones y encajes— encontró algo fuera de lugar: una prenda delicada, evidentemente hecha a mano, cuidadosamente remendada. No era un corsé completo, sino una faja alta de encaje marfil, reforzada en la cintura con ballenas suaves. Al tacto, la tela irradiaba un calor dulce. No pudo resistir: se lo calzó, sintiendo cómo el encaje abrazaba su cuerpo, moldeando su vientre y subrayando su cadera. Se miró en el espejo del taller, móvil en mano, y se tomó una foto de pie, vestido con aquella faja intranquila y hermosa. Luego, con un impulso que no supo medir, compartió la ...