1. Atelier


    Fecha: 03/02/2026, Categorías: Transexuales Autor: Voluptas, Fuente: TodoRelatos

    No fue de un día para otro.
    
    El deseo no cayó como un rayo, ni vino con lágrimas. Fue creciendo como una grieta en la loza pulida, como humedad escondida tras los muros de la moral. Al principio era solo eso: una mirada prolongada a los vestidos que colgaban en el fondo de la boutique. Un roce furtivo al pasar entre los maniquíes. La forma en que sus dedos se demoraban sobre los encajes finos mientras ordenaba los estantes.
    
    Vestidos de novia.
    
    Eran blancos, marfil, champagne. Tenían escotes que dejaban la espalda desnuda. Corpiños ajustados, faldas que flotaban como espuma sobre las piernas. Eran promesas de algo que nunca le estuvo permitido.
    
    Su madre creía que los vestidos debían hacer llorar a las mujeres.“Si no lloras al verte en el espejo, no es el indicado”, decía. Y él asentía, en silencio, sonriendo como buen hijo. Pero por dentro… por dentro lloraba. Porque sabía que no eran ellas quienes debían usar esos vestidos. Era él.
    
    O, al menos, la parte de él que nadie había conocido.
    
    Se llamaba Elías. Hijo de padres devotos, fue criado entre estudios del Atalaya, reuniones de congregación, salidas al ministerio del campo y el miedo constante de ser "parte del mundo". Nunca celebró un cumpleaños, jamás una Navidad. Lo educaron para ser limpio, modesto, obediente.
    
    Durante años llevó camisa blanca, corbata y una sonrisa tranquila que escondía su tormenta. Fue precursor auxiliar antes de los dieciocho, y también asignado a discursos menores en las asambleas ...
    ... regionales. Su madre decía que tenía “voz de varón espiritual”, y él solo sonreía. Porque ni el estudio personal, ni las oraciones, ni la compañía de varones ejemplares lograron apagar lo que sentía al mirar los vestidos de novia en la boutique familiar.
    
    Empezó joven. Se detenía demasiado tiempo en la zona de costura, observando a su tía ajustar los vestidos sobre cuerpos femeninos. Las clientas lo ignoraban, o lo miraban con simpatía. A veces, cuando alguna salía del probador para verse en el espejo, Elías no podía evitar fijarse: cómo ajustaban las cinturas, cómo marcaban el busto, cómo esos encajes les transformaban los cuerpos en algo más… elevado. Divino. La primera vez que tocó un sujetador bordado fue como un estremecimiento eléctrico. Lo sostuvo entre sus dedos con cuidado, como si fuera un secreto. Lo fue.
    
    En casa, comenzó a imitar. No había ropa femenina a su alcance, así que lo hacía con lo que podía: una toalla como peluca, una sábana envuelta como falda. Luego vino internet. A escondidas, por las noches, veía tutoriales de maquillaje en un móvil viejo. Cómo contornear, cómo crear la ilusión de un escote, cómo caminar con gracia sobre tacones. Aprendía en silencio, borrando el historial como si limpiara un crimen.
    
    Y sí, se sintió un criminal más de una vez. Cada vez que un anciano de la congregación hablaba de la inmoralidad del “deseo equivocado”. Cada vez que un texto bíblico era leído con voz marcial, advirtiendo contra los que “cambian la naturaleza de ...
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