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Chantaje a mi madrastra promiscua
Fecha: 03/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... secreto con ella. Ocultarle algo a mi padre (algo que compartía con su mujer), era en sí mismo una traición. Pero qué podía hacer. Nada ganaba con mostrarle el video. El único que saldría perdiendo sería yo. Me sentí avergonzado de mí mismo, como nunca lo había estado. El poder ficticio que me había inventado me encegueció. Se sentía morbosamente bien creer que la tenía en mis manos. Que una mujer como Florencia se viera obligada a aceptar mi chantaje sin cuestionamientos, era algo que despertaba fantasías oscuras en mi cabeza. Durante esa madrugada de insomnio, no pude evitar imaginar, qué sucedería si en vez de obligarla a marcharse de la casa, la obligase a otras cosas. Los sentimientos más impíos se agolparon en mis neuronas. Ahí estaría Florencia, temblando como una hoja. Yo con el dedo encima del celular, como si fuese el detonador de una bomba, a punto de tocar la pantalla y enviarle el video a papá. Florencia, oyendo cómo le explicaba, con calma, la situación. “si no te desvestís en dos minutos, le mando el video a papá. No le pienses mucho, el tiempo corre”, y Florencia Orgambide, furiosa pero resignada, comenzando a quitarse la remerita, sin quitar su mirada de asco hacia mí, quedando en corpiño, para luego inclinarse y sacarse el shortcito. “Toda la ropa” le diría yo, y ella haría un puchero, mientras, lentamente, quedaba en bolas ante su hijastro. Por suerte espanté esa fantasía de mi cabeza. De haber intentado hacer eso, mi vergüenza sería peor, si es que eso ...
... era posible. En los siguientes días evité cruzármela. En los horarios en que solía andar por casa, yo me iba a cualquier parte. Por las mañanas, esperaba a levantarme y a bajar a la cocina, recién cuando estaba seguro de que quedaba solo en casa. De vez en cuando me veía obligado a cenar con ellos. Ambos fingíamos hablar con total naturalidad. En mi caso no sé qué tan creíble era, pero Florencia era una gran mentirosa. No había nada que hiciera sospechar que su hijastro había intentado hacerle una mala jugada unos días antes. Una tarde calurosa, fui a darme un chapuzón en la pequeña pileta que estaba en el fondo de la casa. Se suponía que Florencia andaba haciendo sus cosas por el centro, pero de repente apareció con una bikini blanca con los bordes azules. Nunca la había visto así salvo en fotos, así que quedé totalmente idiotizado con su cuerpo, mientras se hundía en el agua. Se mojó por completo. Luego emergió, y sus pechos quedaron por encima del agua. Sus pezones se marcaban en la tela del corpiño. – ¿Qué pasa, nunca viste un par de tetas? – Me dijo, provocativa. – No… digo si… Perdón. – Susurré. – No importa, es normal que me veas así. Todos los hombres lo hacen. Más bien deberías pedirme perdón por otras cosas. – Pero si ya lo hice. – Dije. – Sí, pero me lo vas a tener que pedir todos los días. Porque la verdad que te pasaste de la raya. – Tenés razón, pero lo hice por papá. – Sólo por eso te perdono. Porque lo hiciste por imbécil, no por ...