1. Antonio el camionero se folla a la Jessi


    Fecha: 04/02/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... escote profundo y un cucharón en la mano.
    
    —Me gusta más tu hija, pero si hay gazpacho… no le hago ascos.
    
    La madre soltó una carcajada ronca.
    
    —Este tiene labia. Merienda antes, anda, que aún está calentita la olla. ¡Jessi, trae pan!
    
    La chavala obedeció, pasando a su lado con andares de choni profesional. Le rozó el brazo con las tetas al dejarle la cesta de mimbre con rebanadas gordas y Antonio le soltó una nalgada sin disimulo.
    
    —Te voy a rebanar el coño como sigas poniéndome el culo así de cerquita —le susurró.
    
    —Tú come, que luego hablamos del postre —le respondió con un guiño.
    
    Antonio comió en un silencio sólo roto por los chasquidos de los cubiertos y el murmullo de la tele en el salón, donde el padre veía una tertulia política como quien escucha misa. El retoño de la Jessi pasó en calzoncillos, arrastrando un dinosaurio de plástico y dándole a un tambor.
    
    —Mami, ¿el señor también va a dormir en tu cama?
    
    —No seas tonto, cariño. El señor viene a… arreglarle la cisterna a mamá.
    
    Antonio levantó la vista, con el pan empapado en tomate aún en la boca.
    
    —Y si no la arreglo… la reviento. Que pa’ eso traigo la herramienta.
    
    La madre rió fuerte, le dio una palmada en el hombro y se marchó a fregar los platos. Jessi lo miró de reojo.
    
    —¿Vamos al lío o te espero a que hagas la digestión?
    
    Antonio se limpió la boca con el antebrazo y se levantó, haciendo que la silla chirriase.
    
    —Vamos, que ya se me está endureciendo el badajo de tanto ...
    ... imaginarte a cuatro patas.
    
    La habitación era tal cual como Martín la había descrito: cama pequeña, crucifijo en la pared, peluches, humedad y un póster de Camela torcido. Jessi se apoyó en la cómoda y se quitó el vestido de golpe. No llevaba nada debajo. Se quedó desnuda como quien se quita el uniforme del curro, sin teatralidad.
    
    —¿Qué? ¿Te mola o qué? —preguntó ella, ladeando la cabeza con media sonrisa.
    
    Antonio se desabrochó el cinturón con una sonrisa chulesca, los ojos entrecerrados y el pecho hinchado como un gallo viejo que sabe que aún tiene espolones. Soltó un gruñido grave, gutural, que era su manera de decir que sí, que le encantaba lo que veía.
    
    —Te voy a dejar el coño más abierto que la boca de un jubilao viendo obras, niña. Y si mi colega Martín te dejó coja tres días… yo te dejaré cuatro. Y con fiebre.
    
    Jessi se acercó, meneando las caderas como si supiera que llevaba dinamita entre las piernas. Antonio le plantó una mano en el culo y la empujó contra la pared. La besó en el cuello con una mezcla de deseo y hambre de lobo viejo, mientras su otra mano se colaba entre sus muslos.
    
    —Estás más mojada que el chubasquero de un gallego —gruñó, pasándole un dedo por el coño—. Esto pide rabo a gritos.
    
    —Pues no te cortes —jadeó ella—. Dámelo ya, que llevo una semana sin que me desmonten.
    
    Antonio soltó una carcajada seca, de esas que nacen en el pecho y suenan a hierro viejo.
    
    —¿Desmontarte? Primero vas a ganártelo, guarra. Una buena mamada, como Dios manda, ...
«1234...19»