1. Unos vecinos influencers 6. EL REGALO QUE NADIE


    Fecha: 07/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos

    ... garaje, esta vez con decisión. Me lancé contra ella, empujando también a Alex en el proceso.
    
    —¿Por qué no me dejas salir? —rugí. La rabia me salía en forma de nudo seco en la garganta, mezclada con un miedo que ya no sabía cómo disimular.
    
    Alex no se movió al principio. Me sostuvo la mirada como si fuera un extraño, no mi hijo. Como si supiera algo que yo no, y eso le diera poder.
    
    —Porque todavía no es hora —dijo.
    
    Su voz… su voz no era la de un niño. Sonaba firme, adulta. Como si alguien más hablara desde dentro de él. Como si supiera el final de una historia en la que yo apenas empezaba a sospechar.
    
    Y entonces, sonó el timbre.
    
    Seco. Preciso. Imposible de ignorar.
    
    Alex giró la cabeza hacia el sonido, distraído. Aproveché. Lo empujé con más fuerza, dispuesto a salir a la carrera si hacía falta. Pero no se resistió. Se dejó.
    
    —Anda, vete —dijo con una calma espantosa, como si todo hubiera sido un juego del que él ya se había cansado—. A ver qué sorpresa te espera.
    
    Sus palabras se me clavaron en la espalda mientras salía. Frías. Extrañas. Casi crueles.
    
    Crucé el pasillo corriendo, con el corazón acelerado y la garganta seca. En mi mente, las imágenes eran todas horribles. Clara en el suelo. Clara con alguien más. Clara llorando. Clara ausente. Algo roto. Algo irreversible.
    
    Y entonces, abrí la puerta. Ahí estaba. Clara.
    
    De pie en el umbral, Llevaba un vestido que nunca antes le había visto. Color champán, brillante, cubierto de flecos de cristal ...
    ... que reflejaban la luz en cientos de destellos diminutos. Cada vez que se movía, el vestido bailaba con ella, como si tuviera vida propia. El escote era pronunciado, en forma de corazón, que dejaba al descubierto el nacimiento de sus pechos, firmes, perfectos. En los laterales, el vestido caía con tanta abertura que dejaba ver el lateral de su pecho, sutilmente, de forma peligrosa y magnética.
    
    La espalda… completamente descubierta. Solo unos finísimos tirantes cruzados sujetaban el vestido por detrás. Toda su piel quedaba expuesta desde la nuca hasta la parte baja de la espalda, un lienzo perfecto, suave, dorado por el sol.
    
    Llevaba tacones de tiras blancas, altos, que realzaban sus piernas largas y torneadas. Cada paso que daba era elegante, lento, como si estuviera sobre una alfombra roja. Sus pendientes eran largos, plateados, y se movían suavemente con su melena suelta, ondulada, que caía como una cascada brillante sobre sus hombros.
    
    Y sus labios… pintados de rojo intenso. Labios que conocía de memoria, pero que, en ese momento, me parecieron los de una mujer distinta. Más segura. Más seductora. Más... ajena.
    
    —¡Cariño! —dijo, con una alegría desbordante—. ¡Llegaste justo para la fiesta!
    
    Yo no podía hablar. Me quedé quieto. Respirando como si acabara de correr una maratón. Mirándola, sin entender. Como si algo no encajara. Como si todo se hubiera doblado de repente.
    
    Entonces lo vi.
    
    Teddy, detrás de ella, brindando con una copa de champán en la mano. Con ...
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