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Unos vecinos influencers 6. EL REGALO QUE NADIE
Fecha: 07/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos
... cremallera. —Ese era el objetivo, cumpleañero —musitó, arrastrando cada sílaba como si fuera una caricia prohibida—. Pero los mejores regalos... son los que se desenvuelven solos. Con un movimiento deliberadamente lento, volvió a subir la cremallera, milímetro a milímetro, la tela cayendo sobre su piel como un telón al final de un acto demasiado corto. Cada diente que se cerraba era un pequeño castigo, un recordatorio de lo que casi había tenido... y lo que aún podía perder. —Espero que te haya gustado el aperitivo —susurró, ajustándose el escote con un gesto que hizo que mis dientes rechinaran—. La cena principal... requiere mejor apetito. —Feliz cumpleaños, Armando —dijo, alejándose con ese balanceo de caderas que ahora sabía exactamente lo que escondían. El sonido de la puerta al cerrarse tras Lucy resonó como un disparo en la cocina vacía. Mis manos, aún temblorosas, se aferraron al borde de la encimera mientras mi cuerpo ardía en una contradicción insoportable: necesitaba calmarme, pero cada neurona gritaba por más. Abrí el congelador con demasiada fuerza, el vapor frío envolviéndome como un reproche. Agarré un puñado de hielo —demasiado tarde para pensar en higiene— y lo metí directamente dentro del boxer. El shock fue instantáneo. —¡Joder! —silbé entre dientes, sintiendo cómo el frío mordía mi piel sensible. Los cubos se deslizaban grotescamente contra mi erección, que palpitaba ofendida entre el hielo derritiéndose y la tela empapada. "Así ...
... se enfría un hombre", pensé amargamente, recordando las pezoneras de Lucy, su risa, sus palabras envenenadas de "cena principal". Escupí un cubito medio derretido en el fregadero, ajustándome el pantalón mojado que ahora pegaba de manera obscena. —Feliz puto cumpleaños —murmuré a la ventana de la cocina, donde mi reflejo me devolvía la imagen de un idiota con la bragueta empapada y la digna por los suelos. Pero al menos ya no estaba duro. No podía salir de esta forma. Necesitaba ropa seca ya, pero entre los invitados en el salón y Lucy merodeando como una pantera en celo, el trayecto hasta el dormitorio era una misión imposible. Me deslicé por el pasillo como un ladrón, esquivando el haz de luz que salía del baño (donde Eva discutía con alguien sobre la música). La puerta del lavadero chirrió al abrirse, pero dentro había suerte: una pila de ropa recién doblada. Mis manos revolvieron como posesas, ¿Boxers de Alex? No, gracias ¿un tanga de encaje rojo? mejor otra cosa más discreta y por último vi mis viejos pantalones de deporte. Mi salvación. Me los puse en dos segundos, escondiendo los vaqueros empapados bajo una toalla sucia. Justo a tiempo. La puerta se abrió. —¿Armando? —era Clara, con ese vestido que se le enganchaba en las caderas—. Los vecinos se van y quieren despedirse. Sus ojos bajaron a mis pantalones de jogging. Demasiado holgados. Demasiado sospechosos. —Me manché de tarta —mentí, rozando involuntariamente la zona donde todavía ...