1. Unos vecinos influencers 6. EL REGALO QUE NADIE


    Fecha: 07/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos

    ... marrón chocolate parecía aún más corto bajo la luz tenue de la cocina. La cremallera del top había bajado un par de dientes, revelando una franja de piel dorada que mi mente ya recorría con lengua y dientes.
    
    —¿Huyendo de tu propia fiesta, cumpleañero?—preguntó, cerrando la puerta con un suave clic que sonó a sentencia.
    
    El vaso de Coca-Cola que sostenía estaba casi vacío, pero los cubitos de hielo chocaban tentadores contra el cristal. Como sus caderas contra el mármol de la encimera, pensé, cuando se apoyó en ella con descarada elegancia.
    
    —Necesitaba aire—mentí, mientras mis ojos traicioneros se posaban en esos shorts que apenas cubrían lo esencial.
    
    Ella rió, bajito, y tomó un sorbo lento. Una gota escapo de sus labios y descendió por su cuello, deteniéndose justo en el hueco de su clavícula. Un pecado sin cometer.
    
    —Parece que no eres el único que necesita... refrescarse—susurró, pasando un dedo por esa gota rebelde antes de llevársela a la boca.
    
    El aire se espesó.
    
    Mis manos, apoyadas en el fregadero, apretaron el metal hasta dolerme. ¿Cuántos pasos nos separaban? Tres. Tal vez dos.
    
    —Lucy...—advertí, pero mi voz sonó ronca, como si ya hubiera cedido.
    
    Ella deslizó el vaso frío por su propio cuello, dejando un rastro húmedo que imaginé seguir con mis labios.
    
    —Armando...—imitó mi tono, burlona—. Clara está ocupada con los invitados. Y tú... —su mirada bajó hasta mi bragueta— ...pareces tener un regalo sin desenvolver.
    
    El último hilo de ...
    ... cordura se rompió.
    
    Avancé. Ella no retrocedió.
    
    El vaso cayó al suelo con un golpe sordo, el hielo esparciéndose como diamantes robados.
    
    —Esto es mala idea—murmuré, mientras mis manos encontraban su cintura, las tachuelas frías contra mis palmas.
    
    Mis dedos temblaban al agarrar la cremallera de su top, el metal frío contrastando con el calor que irradiaba su piel. Lucy no se inmutó, solo arqueó una ceja con esa sonrisa de gata satisfecha mientras yo tiraba hacia abajo con un gesto brusco.
    
    El tejido se separó.
    
    Y ahí estaban.
    
    Dos pechos perfectos, redondos y firmes, al aire pero cubiertos por unas pezoneras que apenas ocultaban el relieve de sus pezones duros. La piel de Lucy brillaba bajo la luz de la cocina, como si alguien los hubiera lamido recientemente.
    
    —¿Te gusta tu regalo, Armando?—susurró, mordisqueando el borde de su vaso vacío.
    
    El corazón me golpeaba las costillas. No podía apartar la mirada de cómo las pezoneras se pegaban a sus pezones, los contornos visibles de sus pechos. Tan cerca y tan lejos.
    
    —No esperaba que fueras... tan generosa—logré decir, la voz convertida en un susurro.
    
    Lucy rió, bajando las manos para pellizcarse sus propios pezones a través de la tela, un gemido escapándosele de los labios.
    
    —Como me pones, Lucy... —salieron las palabras de mi garganta, ásperas y cargadas de una necesidad que ya no podía disimular.
    
    Ella soltó una risa baja, demasiado consciente de su poder, mientras sus dedos jugueteaban con la ...
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