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Se Convirtió en la Puta de un Mendigo - Parte 1
Fecha: 08/02/2026, Categorías: No Consentido Autor: Perla Iglesias, Fuente: TodoRelatos
... donde la suciedad de la calle no podía tocarla. Y sin embargo, allí estaba, entregando no solo dinero, sino un destello de humanidad a un hombre que muchos ni siquiera veían. Los días siguientes:La rutina de la ciudad rara vez cambia. Los mismos ruidos, los mismos olores, las mismas caras. Pero algo había cambiado para él. Ella comenzó a saludarlo. No con palabras vacías, no con esa sonrisa condescendiente que tantos le dedicaban antes de cruzar de acera para evitarlo. No. Era un gesto mínimo, casi imperceptible para quien no estuviera prestando atención: una leve inclinación de cabeza, un "hola" apenas audible entre el bullicio. Pequeños reconocimientos que, para un hombre invisible, eran como golpes de aire fresco. Y él, que había aprendido a leer a las personas mucho antes de terminar en la calle, comenzó a observarla con más atención. No solo su belleza, que era innegable, sino sus gestos, sus hábitos. La manera en que ajustaba el bolso sobre su hombro cuando alguien se acercaba demasiado. La forma en que sus labios se curvaban ligeramente al recibir un mensaje en el teléfono. El suave movimiento de sus caderas al caminar, ese balanceo natural que no buscaba llamar la atención, pero lo hacía de todos modos. "Quiero oírla gemir." El pensamiento lo tomó por sorpresa, pero una vez allí, no se fue. Se instaló en su mente como una brasa, lenta, persistente. No era solo deseo, aunque eso estaba ahí, caliente y urgente. Era algo más. Algo oscuro, posesivo. La ...
... idea de que esa mujer, tan pulcra, tan inalcanzable, pudiera querer algo de él. Algo que no fuera caridad. Las calles enseñan paciencia. Enseñan a esperar, a calcular, a moverte en silencio. Y él había sido un buen alumno. Comenzó a aparecer en lugares donde sabía que ella pasaría. No demasiado cerca, no lo suficiente como para asustarla. Solo lo necesario para que su presencia dejara de ser una coincidencia y se convirtiera en parte de su paisaje. Un día, estaba sentado en el banco frente al café donde ella solía comprar su bebida matutina. Otro, apoyado contra la farola en la esquina donde esperaba el semáforo. Ella lo notó, claro. Pero no pareció molesta. A veces, incluso, le dedicaba una sonrisa fugaz antes de seguir su camino. "Pronto," pensaba él, mientras observaba cómo la luz se reflejaba en su pelo. "Pronto dejarás de verme como un fantasma." Y en las noches, cuando el frío lo obligaba a apretar su cuerpo contra algún rincón menos hostil, cerraba los ojos y se imaginaba cómo sería tenerla bajo él. Cómo se arquearía esa espalda perfecta cuando sus manos, ásperas por el abandono, recorrieran su piel. Cómo gemiría su nombre, ahogado, entrecortado, como si no pudiera contenerlo. La calle le había quitado casi todo. Pero no esto. No el hambre. Y él estaba decidido a saciarla. Los meses pasaron como hojas arrastradas por el viento, sin que nadie más notara el juego macabro que se desarrollaba en las sombras. Él, el vagabundo, el hombre sin nombre, se ...