1. Capítulo 20: Tarde de amigas


    Fecha: 12/02/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... habitación de Daniela, dejando escapar un largo suspiro. Su reflejo la recibió en el espejo de cuerpo entero de la puerta: mejillas rojas, labios entreabiertos, respiración agitada. Como si en vez de una simple ducha hubiera ocurrido algo más intenso. —Cálmate, niña… —se dijo en voz baja, sentándose en la cama de Daniela. Intentó convencerse de que todo estaba en su cabeza, que solo eran imaginaciones suyas por tanta adrenalina tras el deporte.
    
    Mientras tanto, bajo el agua, Daniela apoyó una mano en la pared y dejó caer la frente contra los azulejos. Tenía el pulso desbocado. ¿Por qué me he puesto así? Se mojó la cara, necesitaba enfriar su mente calenturienta. El recuerdo de los ojos de Carlota sobre su cuerpo desnudo se negó a disiparse. Y más aún: le vino a la cabeza la imagen de Carlota saliendo de la ducha, solamente cubierta por esa toalla diminuta, gotas resbalando por sus muslos… Daniela gimió casi imperceptiblemente. Se dio cuenta con desconcierto de que estaba excitada. Notaba sus propios pezones turgentes, su sexo tibio palpitando entre sus muslos apretados. ¿Era posible que…?
    
    Negó con la cabeza, un poco asustada de sí misma. Relájate, joder. Para recomponerse, terminó de enjabonarse rápido y aclaró el jabón de su piel. Cerró el grifo bruscamente. Respiró hondo varias veces antes de apartar la cortina y salir.
    
    Tomó la otra toalla y se la enrolló bajo los brazos. Luego salió al pasillo, indecisa. Carlota estaba en su cuarto, seguramente vistiéndose ya. Tal ...
    ... vez lo mejor sería vestirse cada una y ya, como si nada. Sí, seguramente en cuanto volvieran a la normalidad, esa tensión rara desaparecería.
    
    Pero al pasar frente a la puerta entreabierta de su habitación, Daniela se detuvo. Vio a Carlota allí sentada en la cama, todavía con la toalla puesta, secándose el pelo con las manos. Sus miradas se encontraron al instante a través de la rendija. Carlota apretó los labios, con una expresión ambigua en el rostro: sorpresa, nervios, algo más.
    
    —P-pasa, si quieres —dijo al fin Carlota, enderezándose. Daniela empujó la puerta y entró, sin dejar de mirarla. La atmósfera seguía cargada de algo que ninguna de las dos terminaba de nombrar. Daniela caminó despacio hasta quedar frente a Carlota, a escasos centímetros. Desde allí, Carlota podía oler el gel de vainilla en la piel húmeda de su amiga… y algo más, ese perfume dulce mezclado con el aroma natural de Daniela, que tantos chicos había vuelto locos en fiestas. Ahora empezaba a entender por qué.
    
    Carlota tragó saliva. Sus ojos subieron, casi con timidez, desde el escote cubierto por la toalla de Daniela hasta sus ojos claros. —Oye, Dani… —murmuró—. ¿Tú también… sientes esto raro?
    
    Daniela apretó un poco la toalla con sus manos, a la altura del pecho. —No sé qué nos pasa… —admitió en voz baja, el corazón martilleándole—. Es… es raro, sí.
    
    —Si quieres que paremos, paramos —dijo Carlota de golpe, sin pensar demasiado lo que implicaban esas palabras.
    
    Daniela esbozó una sonrisilla ...
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