1. Inicio del animal sumiso


    Fecha: 14/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos

    ... pero que no podía dejar de mirar. Cada relato que exploraba iba empujando un poco más sus límites. Lo que antes le parecía atrevido, ahora le resultaba suave. Y en cada historia nueva, buscaba algo más: una palabra más dura, una escena más explícita, un gesto de entrega más claro.
    
    No se lo contaba a nadie. Aquello era suyo. Íntimo. No porque lo sintiera sucio (aunque en parte, así era, su sucio secretito), sino porque era demasiado real. Demasiado importante. Comenzó a notar cómo algunas escenas la hacían quedarse sin aliento. No solo por el deseo que despertaban, sino por algo más profundo, más visceral. Había algo en la idea de rendirse, de dejar de decidir, que le hablaba directamente al cuerpo… y al alma.
    
    Entonces, una noche, leyó algo distinto. Una historia sin nombres, sin apenas descripciones físicas. Solo una voz —la de Él— y una respuesta: la de Ella, obediente, temblorosa, entregada. Y cuando terminó, Gaia cerró los ojos. Sintió que algo en ella se había movido de sitio. Y aunque no sabía qué quería hacer con esa sensación, sí supo que ya no era la misma.
    
    Y entonces dejó de leer.
    
    No supo bien por qué. Tal vez fue miedo, o quizás una necesidad de protegerse de algo que no comprendía del todo. Tal vez fue la culpa, esa voz antigua e implacable que susurraba que lo que sentía estaba mal. Muy mal. Porque no era solo deseo lo que despertaban esas historias; era una necesidad de rendirse, de confiar, de pertenecer. Y eso, en un mundo que le había enseñado a ...
    ... estar siempre en control, parecía peligroso.
    
    Así que cerró los relatos, uno tras otro, y los guardó en un rincón oculto de su memoria. Como si nunca los hubiera leído. Como si su cuerpo no recordara. Como si nada de aquello hubiera sucedido. Pero el cuerpo… recuerda.
    
    Recuerda tanto que no podía evitar que sus caderas se moviesen, se frotasen contra el colchón. Que comenzasen a salir los primeros jadeos de sus labios. Cómo sus manos se aferraban al colchón, tratando de luchar contra su cuerpo y contra su propia mente, pero sin poder vencer.
    
    Y Gaia volvió a leer.
    
    No fue algo planeado. Fue una noche cualquiera, un clic que la llevó de vuelta a aquel rincón del que había huido. Pero esta vez no buscó suavidades. Pasó de largo los relatos inocentes y se sumergió, sin titubeos, en mundos más oscuros. Dominación. Sumisión. Humillación. Palabras que antes le provocaban desconcierto, ahora encendían algo profundo.
    
    Y su cuerpo… respondía.
    
    Cada línea recorría su piel como una caricia invisible. La humedad llegaba sin permiso, inevitable, y un día —sin pensarlo, casi con vergüenza— dejó que su mano se deslizara. Temblorosa. Lenta. Respirando apenas, como si al hacer ruido el hechizo pudiera romperse.
    
    Y entonces entendió: no podía parar.
    
    No era solo placer. Era hambre. Era rendición. Era adicción.
    
    Y un día, sin planearlo, sin saber muy bien cómo, entró a un chat.
    
    No lo buscaba. O tal vez sí, aunque no lo supiera. Había algo en ella que pedía más, que ya no se ...
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