1. Inicio del animal sumiso


    Fecha: 14/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos

    ... volver.
    
    Por eso tardó en dar el siguiente paso. No se alejó —no podía—, pero tampoco se precipitó. Siguió hablando con Él. Día tras día. Y Él no exigía. No apuraba. Solo sugería, como quien extiende la mano y espera. Y ella, sin darse cuenta del todo, fue cediendo.
    
    Primero fueron palabras. Después gestos."Tócate, despacio, como si tus dedos obedecieran mi voz."Y Gaia lo hizo."Déjame ver tus pechos, solo eso hoy."Y Gaia obedeció.
    
    No era solo sumisión. Era confianza. Era un anhelo profundo de sentirse guiada, aceptada, y —sobre todo— libre de decidir entregarse.
    
    Poco a poco, Él fue adentrándose en ella. No en su cuerpo —aún no—, sino en algo mucho más profundo: su coraza. La atravesaba capa tras capa, sin romper nada, sin empujar. Solo con palabras, con silencios bien puestos, con presencia. La escuchaba con atención feroz. La leía. La sentía.
    
    Y así, fue desnudándola. No solo de ropa, sino de miedos. De vergüenzas. De máscaras. Iba sacando a la luz cada rincón escondido, cada deseo que ella apenas se atrevía a pensar. Le dio espacio a sus gustos sin juicio, y acarició sus miedos sin apartarlos. Y fue entonces, en esa mezcla de ternura y control, cuando algo dentro de Gaia comenzó a florecer. Su verdadero yo —ese que siempre había estado escondido, encogido, esperando— se alzó por fin. Tembloroso, sí. Pero libre.
    
    “Te gusta que te humille, Gaia.”
    
    Ese mensaje la golpeó como una corriente eléctrica, cruzándole el pecho, el vientre, las piernas. Se quedó ...
    ... inmóvil, con el corazón latiéndole tan fuerte que casi dolía. ¿Era cierto? ¿Le gustaba eso?
    
    Gaia no respondió de inmediato. En su mente, comenzó a repasar cada conversación, cada palabra, cada momento en que Él la había expuesto, desnudado más allá del cuerpo. Y no lo negó. Recordó cómo se le encogía el estómago cada vez que Él la llamaba por su nombre con esa frialdad medida. Cómo se le humedecía el deseo cuando la hacía sentir pequeña, vulnerable, rendida.
    
    Sí.Le gustaba: la rendición absoluta, la verdad sin filtros, la sensación de no tener que sostenerse más. Él la miraba incluso en ese estado —sobre todo en ese estado— y no apartaba los ojos. Sí. Le gustaba.
    
    “¿Qué más hay dentro de ti, Gaia?”
    
    Ella tardó en responder. Porque lo sabía. Sabía lo que ardía en el fondo de su pecho, lo que alguna vez había intentado explicar —y siempre había sonado absurdo, incluso para ella misma.
    
    Pero Él preguntó sin juicio. Esperó. Y Gaia, poco a poco, se atrevió.
    
    No usó palabras exactas. Rodeó el tema. Dijo cosas como “a veces siento que no soy del todo humana”, “me gustaría no pensar”, “me gustaría solo obedecer, existir para servir, sin deber explicaciones”. Él la escuchó. No se rió. No la frenó.
    
    Y cuando por fin cayó el silencio, Él escribió:
    
    “Porque no solo eres sumisa. Eres algo más profundo. Más primitivo.”
    
    “Lo que sientes… es porque dentro de ti hay un animal.”
    
    Gaia contuvo el aliento.
    
    “¿Un animal?”
    
    “Sí. Una criatura que no razona. Que simplemente es. Que ...