-
La Amante Inmortal I
Fecha: 16/02/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Victoria, Fuente: TodoRelatos
La elegida del desierto Llegué a Lagash desde el desierto, o de las montañas o tal vez del mar, no lo recuerdo, pero la travesía fue aterradora pues al llegar esa bella ciudad apenas me quedaban fuerzas para seguir en pie. No huía de nada y escapaba de todo; era una maldita. Encontré una fuente donde harté mi sed infinita y caí desmayada a los pies de la noria. No fue ni el frío de la noche, no el brillo ya alto del sol lo que me despertó. De pie ante mí un hombre cubría el sol. —No eres de aquí, ¿verdad? —No…pero ya me voy…no quiero crear problemas… —Nadie se preocupa por eso, al contrario, nos preocupamos por ti. —Quiénes “nos preocupamos”? —Refunfuñé a la defensiva —La Diosa Inanna y yo Nergal, su Gran Sacerdote y Servidor —No valgo la pena para que tanto título y santidad se preocupe por mí —Todos valen para Inanna, sagrado sea su disfrute. Ven deja que te ayudemos, al menos para asearte y que puedas comer algo. Como perro maltratado me costaba aceptar tanta caridad, pero el hambre y mi deplorable estado me exigían una mejora. —Iré contigo. Me ayudó a caminar hasta el templo de su diosa, que era imponente y deslumbrante de belleza. Pude ver cantidad de mesas de culto, efigies de la diosa, candelabros y tapices todos muy cuidados hechos de oro, mármol, lino y otros valiosos materiales. Había bastante gente en el interior. Oficiantes del culto y feligreses por lo que puede adivinar en sus vestiduras. Nergal me encaminó hacia el fondo ...
... del inconcebible santuario, hasta una puerta que me condujo a un salón interno, separado de resto. Dos jóvenes se acercaron. —Ellas son Meania y Ninki. Te guiarán por el templo y te ayudarán a asearte. Después nos reuniremos a comer. Las seguí por necesidad, pero muy alarmada; no necesitaba que me lavasen; eso es parte de mi maldición. Entramos en una sala de piletas espaciosas, donde ya había otras personas, y otras fuentes apartadas y ocultas por cortinas. A uno de esos apartados me llevaron. Me negué a seguir allí y quise huir. Las jóvenes me detuvieron y forcejearon conmigo. Hasta que Ninki con vos firme pero reconfortante dijo —Aquí no hay maldiciones. Déjanos cumplir con nuestro mandato, por favor —Pero es que yo…no quiero fastidiarlas…debería irme Ambas se miraron acordando un camino que no era nuevo para ellas —Te proponemos algo—ofreció Meania —Te mostramos lo que hay aquí, lo que está tu disposición. Y si no quieres nuestra ayuda, esperaremos tras las cortinas a que nos llames. Su gentileza y asistencia eran dulces pero inquebrantables, así que cedí y acepté la oferta. Pude bañarme a solas con la doble satisfacción de quitarme toda la suciedad que ya me hartaba y de permanecer oculta. ¿Por qué Ninki dijo que aquí no había maldiciones? Me vestí con la escasa pero bella ropa que me dejaron y que apenas me cubría, y llamé a mis guías. Después de un exhaustivo cotejo visual me miraron con aprobación, me perfumaron con aceites y con delicadeza ...