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Ella
Fecha: 22/02/2026, Categorías: Incesto Autor: DirtyAlba024, Fuente: CuentoRelatos
... de irme, para ponerle fin a ese juego tan enfermizo que estábamos jugando, también. Sin embargo, una fuerte vibración en mi ano me hizo gemir ruidosamente. Frene mi andar y mire conmocionado hacia todos lados, por suerte, nadie me escuchó. Y si lo hicieron, todos estaban demasiados borrachos y drogados para entender algo. “Ella” sonreía mostrándome el pequeño controlador del vibrador que tengo insertado en el culo. Me hace señas con su mano libre para que me acerque. Al igual que un perro obediente y fiel a su amo, fui hacia “Ella”. Note que la gorda había tenido su tan ansiado orgasmo, en la mano de “Ella”, quien retiró sus dedos de la vagina ajena. Se veían viscosos y húmedos, producto del orgasmo de la cerda rubia. “Ella” sonrió mostrándome los cuatro dedos sucios y no hicieron falta palabras. Conozco muy bien las intenciones perversas detrás de ese gesto. Me moví hasta llegar a su lado y guíe mi boca hacia esa mano impura. Chupando y lamiendo todo, hasta dejar completamente limpia de aquellos jugos ácidos y salados cada rincón de su mano. “Ella” sonrió y luego dejó a la rubia sentada en el taburete para acercarse a mí. —Buen chico, Jorge. Sonriéndome con una dulzura casi angelical, me acarició la cabeza cual perro. —Pagá la cuenta y nos vamos. Te voy a dejar en tú casa antes de que se despierte tú mujer para ir a trabajar. Por su tono de voz, me di cuenta de que “Ella” no iba a darme lugar a responder. Pagué mi cuenta y la de “Ella”, después salí del ...
... lugar y me subí al asiento de acompañante. “Ella” no dijo ni una palabra en todo el camino, yo tampoco hice un gran esfuerzo por hablar. Conmigo siempre fue una forra, egoísta, malcriada. Pero jamás pude recriminarle nada, puesto que, a sus ojos, yo no soy más que un inmoral hijo de puta. Pero no puedo evitar sentir placer en esto y, aunque lo niegues, “Ella” también lo siente. Antes de bajarme del auto, “Ella” me agarra del brazo, atrayéndome hacia su cuerpo, y ahí nomás, me encajó un tremendo beso. —Bajate. La miré confundida, sintiendo una mezcla de deseo, excitación y furia. Peto finalmente baje del auto, viendo cómo esa pendeja de 23 años me mira de forma sobradora, sabiendo que me tiene comiendo de la palma de su mano. —Nos vemos el domingo para el asadito familiar. Ah, y, papá… Déjale mis saludos a mamá. Sonríe de forma cínica, pero con una sensualidad irremplazable. Luego arrancó el auto y se fue en dirección a su casa, dónde la estaban esperando mi yerno junto a mi nieto. Suspiré, mientras me prendía un pucho y miraba a mi hija alejarse. El sonido de una puerta abriéndose llamó mi atención, haciendo que gire mi rostro para ver a mi señora asomándose. Tenía una sonrisa maternal y amorosa, se acercó a recibirme y preguntó cariñosamente por nuestra hija quien ya se encontraba a una cuadra de distancia. Mire a mi mujer y le indique que entrara a la casa, mientras yo miraba el coche de mi hija perdiéndose en el paisaje y jurando, nuevamente, guardar ...