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Impulso hacia la lujuria - La secuela
Fecha: 26/02/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: WithoutShame, Fuente: TodoRelatos
Estimado Monseñor: Me dirijo a usted para exponerle los hechos que me han llevado a pedir el traslado de parroquia. Soy consciente de la gravedad de los mismos y me gustaría que esta misiva sirva a la vez de confesión. Todo comenzó cuando una joven feligresa vino a confesarse como hacía habitualmente, la conozco desde hace muchos años ya que siempre ha participado activamente en la parroquia y puedo afirmar que hasta hace poco era una creyente ejemplar. Ese día me sorprendió su confesión, siempre me había confesado pequeños pecados veniales pero aquella vez me dijo que se había estado tocando lascivamente, no podía entender ese cambio y le pedí explicaciones hasta que me terminó contando una larga historia. Todo empezó cuando su compañero de pupitre y ella acabaron tocándose las partes íntimas mutuamente. Aquello me pareció que entraba dentro de lo normal para una joven de su edad aunque fuera el pecado más grave que me había confesado hasta la fecha. El problema se empezó a gestar porque un par de compañeras suyas les vieron hacerlo y comenzaron a chantajearles para que realizaran prácticas sexuales cada vez más atrevidas si no querían que le contasen lo que habían hecho a su tutora. En los casi diez años que hace que salí del seminario y me ordenaron sacerdote, nunca había escuchado algo semejante, y he escuchado bastantes pecados de todo tipo. Ya con las primeras cosas que me contó que les obligaron a hacer consiguió excitarme, según fue avanzando la historia ...
... no pude evitar tocar mi miembro por encima del pantalón. Sé que estuvo mal lo que hice, pero me describió con tal lujo de detalles cada encuentro y me produjo un morbo tan tremendo imaginarme a aquella inocente jovencita en esas situaciones, que aprovechando que la celosía del confesionario es muy tupida y no permite ver nada, saqué mi pene del pantalón, porque me estaba doliendo de lo duro que estaba, y acabé masturbándome mientras ella seguía contándome su historia. Terminé eyaculando en el propio confesionario cuando después de contarme como había mantenido relaciones sexuales completas con su compañero me dijo que estaba confesándose sin bragas, con el semen de su compañero impregnado en su sexo y escurriendo por sus piernas. A partir de ese momento era raro el día que no venía a confesarse con alguna nueva andanza sexual, al principio con su compañero de pupitre y más tarde ella sola, ya que por motivos que no vienen a cuento, dejó de poder tener encuentros con su compañero. Intenté guiarla de vuelta al buen camino pero lo único que conseguía era despertar la lujuria en mí una y otra vez, muchas veces acababa masturbándome con sus historias o cuando me contaba como se introducía los dedos o un trofeo con forma fálica, que ganó, por sus orificios. Veia que ella cada vez se iba apartando más de la senda correcta e iba cayendo en las garras del maligno. Un día después de contarme como se había masturbado y haberme dejado muy excitado me confesó que no podía aguantar ...