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Mi relación con Eusebio (1)
Fecha: 14/03/2026, Categorías: Gays Autor: Eunoia, Fuente: CuentoRelatos
... crecido riachuelo, apoyados en la barandilla de postes de madera. «La sexualidad es algo misterioso, sabes. No la dominamos, ¿no te parece?» Eusebio hizo una pausa mirando los circulitos de oxígeno que emergían un instante en la película acuosa, para desaparecer al instante. «El sexo es espontáneo, como lo es la pasión, y no obedece a reglas de moralidad. Un cuerpo desnudo desata la excitación. Es la visión del sexo, de los genitales lo que incita la aparición libre de la libido. Provoca una reacción de…». Interrumpí: «De deseo…, de deseo», confirmé. «Es como el calor irrefrenable de la lujuria, que se apodera de nosotros cuando vemos hacer el amor a otros. ¿También te ocurre?». Eusebio asintió y volvimos a quedar callados, mirando hacia el curso sereno del río. Luego, mi cuñado me miró a los ojos: «¿Tú, lo has hecho?». Le devolví una mirada interrogativa. Eusebio aclaré: «Voyerismo ¿Has sido espectador viendo cómo otros follaban delante de ti? ¿Has participado?». «No, directamente, no. Me refería —le aclaro —en películas de sexo, pornográficas». «Me ha pasado —proseguí, presa de una locuacidad que respondía a la combustión interior— que también me ha resultado placentero ver los genitales de los actores, igual que el de las actrices; de cualquiera de ellos, no sólo de las mujeres. Quiero decir que…». Eusebio me sujetó el antebrazo. «Sí, a mí me pasa, también me pone ver el sexo de los hombres». Se echó a reír. «Bueno, pues, igual que…como el otro día». Yo le ...
... miré directamente, ya sin rebozo ninguno: «Eso quería decir». Nos quedamos en silencio otra vez. Después reanudamos el paseo. Entramos en el bosquecillo del llamado Prado del obispo y nos sentamos en unas rocas, bajo las encinas frondosas. Eusebio bebió unos largos tragos de su cantimplora y me la pasó. Se notaba el calor y la fatiga del camino. «Como en las pelis…». Eusebio reinició la charla. Lo miré sin entender. «Me puse cachondo al vértela», se rio sonoramente. Bueno —se corrigió— antes…, cuando te quité la toalla y vi tu culo». Bajó la cabeza. «Lo siento, no pude evitarlo. Tenía ganas de verte totalmente desnudo». Me reí de buena gana. «Sólo por detrás ». Me empujó con el codo. «Cuando lo pensé ya se me puso morcillona. Oye, ¿tú te empalmaste antes o entonces?». «Entonces; fue entonces». «A mí —continuó— ya me había pasado. La primera vez me resultó embarazoso; después entendí, cómo dijimos, que el sexo no tenía más reglas que ser placentero…, con uno mismo o con quien sea, mujer u hombre, mientras ambos lo deseen por igual, libremente». Otro silencio. «¿Te enfadaste?», inquirió Negué. Tras unos segundos, añadí: «Me gustó». «El masaje?» «No…, todo». Decidí hablar claro cuando noté que la conversación estaba despertando mi lubricidad nuevamente, el deseo dormido, inconfesado. «Te vi mirándome el sexo, y eso me puso más caliente». Un pequeño lapso: «Y también ver la tuya». «¿Nunca has tocado otra?». «No —dije—¿tú, sí?». Sí, un par de veces. Bebimos de nuevo y ...