1. Mi relación con Eusebio (1)


    Fecha: 14/03/2026, Categorías: Gays Autor: Eunoia, Fuente: CuentoRelatos

    ... cubierto en el vestuario Eusebio me hizo sentar para examinar el golpe. La rodilla comenzaba a hincharse. «Después de la ducha te daré un masaje», me dijo.
    
    Al salir me dolía más. «Túmbate», me dijo señalando el banco frente a las taquillas. Abrió la suya y extrajo un frasco de algún linimento con el que me frotó delicadamente la rodilla. «Estás tenso, Nicolás. Date la vuelta». Extrajo otro frasco aceitoso. «Estoy bien, de verdad…, no hace falta». Me acosté boca abajo y Eusebio me hizo un masaje rotatorio desde el cuello al sacro. Lo hacía como un profesional. Inopinadamente tiró de la toalla que me cubría y quedé desnudo completamente por detrás.
    
    Sus manos masajearon mis nalgas. Me ruboricé hasta las orejas. Me giré: «Ya estoy relajado, no te preocupes». Él estaba sentado a mi lado y apretaba la carne de mis glúteos. Eusebio pasaba los dedos y palmoteaba la cara interior de mis muslos. Era un masaje suave y me aliviaba los músculos. Cuando iba a volver la cabeza sentí un estremecimiento al ver el elevado bulto blanco entre sus piernas: bajo la toalla sobresalía un montículo claramente identificable. Su sexo estaba erecto.
    
    Volví a apoyar disimuladamente la cabeza sobre los hombros. Pero sus manos habían ocasionado sobre mi cuerpo una respuesta idéntica. Noté cómo mi polla se iba hinchando contra los listones de madera del banco. Me quedé atónito. Nunca me había ocurrido algo parecido. Mi miembro se había endurecido por efecto de los toques de otro hombre; además, ...
    ... el novio de mi hermana.
    
    Eusebio continuó unos minutos más y terminó con un par de palmadas amistosas sobre mi culo.
    
    «Gracias», le dije. «¿Estás mejor?». Asentí, me volví a cubrir con la toalla y esperé a que se levantase para voltearme, con el fin de que no se diera cuenta del crecimiento de mi órgano sexual. Luego fui hacia mi taquilla y me quité la toalla. Mi polla estaba enhiesta. Cogí mi slip y cuando estaba subiéndolo se me cortó la respiración: vi mi reflejo en uno de los espejos de los lavabos. Eusebio estaba quieto en una diagonal que le permitía observarme, con mi verga tiesa.
    
    «Ah, no te preocupes», dijo a modo de disculpa y de modo tranquilizador. «No pasa nada, hombre». Yo debía estar visiblemente ruborizado. El dejó caer la toalla. Su falo se balanceó en el aire. Se echó a reír. «Ya veo que nunca te había pasado». Negué con la cabeza nerviosamente. Me hizo un guiño y afirmó: «A mí, sí». Nos vestimos y regresamos a su casa en completo silencio.
    
    Dos semanas después habíamos quedado con ellos para devolverles la invitación. Acabada la sobremesa, Susi y Marta fueron al salón para hacer su siesta. Nosotros dos fuimos a dar un paseo para quemar calorías.
    
    El camino estaba desierto. A los pocos minutos Eusebio dijo: «Oye, el otro día… Bueno, ya sabes: no fue intencionado. Siento que lo pasaras mal». «Está bien», repliqué y reí de manera confusamente tranquilizadora.
    
    Continuamos hasta llegar al puente sobre el río. Nos paramos sobre el puente mirando el ...
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