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Rojo intenso (2): Secreto en la oficina (parte 2)
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
La ciudad despertaba afuera, pero ellos estaban en su propio mundo, uno donde el deseo y el amor se fundían en un solo latido. Martes, 8:37 a.m. El auto se detuvo frente al edificio del estudio. Ambos bajaron con gafas oscuras, bien vestidos, en apariencia impecables. Pero sus miradas… sus miradas lo decían todo. Después de una noche sin dormir y una ducha que se convirtió en preludio de un nuevo encuentro, sus cuerpos aún temblaban de deseo. En el ascensor, solos, el silencio se volvió insoportable. No había cámaras. No había nadie. Solo ellos, el reflejo de su deseo en las paredes metálicas, y el eco de su respiración contenida. Rosanna no esperó. Se giró hacia él, lo tomó de la camisa y lo besó con una fuerza que dejaba claro que aquello no había terminado. Su lengua rozó la de él con hambre, sus manos acariciaron su pecho por debajo del saco, y su cuerpo se pegó al suyo con ese calor que lo volvía loco. Ismael respondió con las mismas ganas. La sostuvo por la cintura, apretándola contra sí, sus labios buscándola con una mezcla de necesidad y dulzura salvaje. En ese instante, el mundo volvió a apagarse. El elevador parecía no moverse nunca. Y tal vez era mejor así. Pero entonces —ding— llegó el piso. Rosanna se separó con rapidez, como si se tratara de una coreografía ya ensayada. Se acomodó la falda, alisó su blusa, se miró en el reflejo, respiró profundo… y recuperó su rostro de jefa. —Listo —dijo con una pequeña sonrisa en los labios—. Nadie ...
... sospecha. Ismael asintió, tragando saliva, el corazón latiéndole en las sienes. Salieron del ascensor como si nada hubiera ocurrido. Como si fueran dos profesionales más empezando su jornada laboral. Pero sus cuerpos contaban otra historia. Una que no terminaba. Pasado el mediodía, entre reuniones, juntas de creatividad y correos acumulados, Rosanna ya no podía más. Había tratado de concentrarse. Había fingido una calma que no sentía. Pero cada vez que pensaba en él, en sus labios, en su cuerpo… la inquietud crecía. Estaba encendida. Intensa. Impaciente. Escribió un mensaje en el chat interno del estudio: Rosanna: Ismael. Ven a mi oficina. Urgente. No tardes. No necesitaba decir más. En cuanto él leyó el mensaje, supo. Sintió esa electricidad recorriéndole la espalda. Se levantó sin decir nada al equipo, tomó su libreta para disimular… y caminó hacia la puerta de ella. La cerró detrás de sí. Rosanna ya lo esperaba. De pie. Sus ojos brillaban. La falda ligeramente subida más arriba del muslo. Una señal silenciosa. El mismo fuego que nunca terminó de apagarse desde la noche anterior. —No he dejado de pensar en ti ni un segundo —dijo ella, acercándose lentamente—. Y ya no puedo seguir fingiendo. Ismael tragó saliva. La respiración se le aceleró. Sus cuerpos estaban a punto de desatarse de nuevo. Y así, en esa oficina de paredes blancas, con los post-its de campañas aún pegados en el cristal blanco, el deseo volvió a imponerse a la rutina. A la ...