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Rojo intenso (2): Secreto en la oficina (parte 2)
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
... fuego. Y cuando ambos alcanzaron el clímax, todos observaron como un líquido viscoso pero transparente llenaba las piernas de su compañero, combinado con el semen de este, fue como una tormenta interna, ella dio un grito de orgasmo contenido que los hizo temblar a todos. Luego, silencio. Los ojos de Rosanna brillaban de adrenalina. De deseo. De desafío. —Ciérrenla… —dijo con voz grave y temblorosa, mirando hacia la puerta abierta, sin vergüenza alguna—. Y llamen a una junta. Después. La puerta volvió a cerrarse con un leve clic, esta vez asegurada desde dentro. Ismael se quedó quieto en la silla, respirando agitado, sin saber cómo interpretar lo que acababa de suceder. Rosanna no se inmutó. Permaneció de espaldas unos segundos, con el cuerpo aun vibrando, el corazón desbocado y la respiración entrecortada. Luego, se irguió con elegancia, con una firmeza que no negaba su vulnerabilidad, y caminó lentamente hacia el ventanal. En su andar, Ismael no pudo evitar notar cómo su semen aún quedaba visible… acompañado de una humedad brillante que escurría por las piernas de Rosanna, y al mismo tiempo dejaba rastros en el piso de aquella oficina como la señal silenciosa de todo lo que acababan de compartir. Ella se detuvo, tomó aire, y luego giró sobre sus talones. Sus ojos lo buscaron. No había vergüenza en ellos. Solo un fuego calmo, mezcla de desafío, ternura… y algo más oscuro: entrega total. Sin decir palabra, se acercó a él. Ismael aún estaba en la ...
... silla, sin reaccionar del todo. Y entonces Rosanna, en un gesto inesperado, se arrodilló frente a él, sus manos descansaron sobre sus muslos, sus ojos estaban clavados en los suyos. —No hemos terminado, Lucas —susurró con una voz suave y densa, como terciopelo mojado. Él tragó saliva, acarició su mejilla con los dedos, temblando por dentro. Ella lentamente introdujo el pene aún erecto de su amante a su boca. —Tía… esto se siente tan… tan húmedo… tan tú. Ella cerró los ojos un segundo, como si sus palabras la acariciaran más que cualquier gesto físico. Luego jugueteó aún más con su lengua, apoyando la cabeza sobre su abdomen, respirando hondo, como si necesitara memorizar su aroma, su calor, quería limpiar todos los rastros de semen que aún estuvieran en ese pedazo de carne. No hicieron nada más. No tenían que hacerlo. El momento bastaba: ella arrodillada en silencio, él temblando por lo que había pasado… y lo que estaba por venir. Ambos sabían que habían cruzado una línea, y que no habría vuelta atrás. Después de unos minutos así, ella se incorporó. Se acomodó la ropa con una calma casi ceremonial, se recogió el cabello con una liga negra que siempre llevaba en la muñeca, y le dirigió una última mirada intensa. —En cinco minutos hay junta —dijo—. Entra cuando escuches que ya estoy sentada. Y entonces, como si nada hubiera pasado, abrió la puerta, caminó hacia la sala de reuniones, y dejó tras de sí el aroma del deseo… y el semen aún escurriendo por sus ...