1. Usada en el metro


    Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos

    ... pero no era una sonrisa cualquiera. Era una de esas sin dientes, ladeada, torcida, que no dejaba del todo claro si era amable o algo más.
    
    Ella forzó una mueca, más parecida a una sonrisa tensa que a cualquier otra cosa, y bajó la mirada al instante. La música seguía sonando, pero ahora no servía de refugio. Solo era un murmullo incómodo que no tapaba nada.
    
    Intentó apartarse un poco, recuperar su espacio, pero no había a dónde ir. El vagón estaba a rebosar. Tragó saliva, sin saber si debía decir algo o simplemente aguantar hasta la siguiente parada.
    
    Notó una mano en su hombro. Se sobresaltó, girándose a medias, y ahí estaba de nuevo ese hombre. El mismo que la había sujetado antes. Le hizo un gesto con los dedos para que se quitara los auriculares, señalando su oreja como si fuera lo más obvio del mundo.
    
    Ariana no supo por qué, pero lo hizo. Con un movimiento torpe, bajó el volumen y se sacó uno de los auriculares, parpadeando mientras lo miraba.
    
    — Ten cuidado, niña. Puedes tirar a alguien. — dijo él, con voz grave y pausada.
    
    Vestía un abrigo ancho, algo raído en los bordes, y unos pantalones viejos, de esos que ya han visto demasiados inviernos. Tenía la mirada fija, oscura, sin dejar de observarla.
    
    Ariana se quedó en blanco. No sabía qué decir. Nunca sabía qué decir cuando alguien mayor le hablaba así, con ese tono de advertencia suave pero autoritaria. Asintió rápido, con esa sonrisa nerviosa que le salía sola cuando no encontraba palabras.
    
    Luego ...
    ... se giró otra vez hacia la ventana, deseando con todas sus fuerzas que la próxima parada fuera la suya. Que la puerta se abriera. Que pudiera salir al aire libre.
    
    Los segundos pasaron y, sin que ella pudiera reaccionar, sintió de nuevo esa mano sobre su cintura. Poco después, un cuerpo se pegó al suyo con la presión de quien no deja lugar a dudas. Su corazón dio un brinco inesperado.
    
    Alzó la mirada con un nudo en la garganta y lo vio: era el mismo hombre de antes. Esta vez, su sonrisa era amplia, pero no había en ella la calidez de la anterior; había algo en esa expresión que no terminaba de ser amable.
    
    — No hay hueco. — fue lo único que dijo, con voz firme y sin dejar espacio a réplica.
    
    Ariana tragó saliva, sintiendo cómo el vagón se volvía más pequeño, y la música en sus oídos parecía un eco lejano, incapaz de protegerla esta vez.
    
    Notaba la mano apoyada en sus costillas, firme y pesada. Sentía el pecho del hombre subiendo y bajando contra su espalda, cada respiración un recordatorio de lo cerca que estaba. Era mucho más grande que ella, mucho más ancho y fuerte, ocupando todo el espacio que a Ariana le faltaba.
    
    Ariana tragó saliva, deseando poder desaparecer, desvanecerse entre la gente y el ruido del metro. Intentó hacer un pequeño paso hacia un lado, pero la mano en su cintura se ajustó, firme, sin dejar espacio.
    
    El corazón le latía con fuerza, una mezcla de miedo y vergüenza que no sabía cómo controlar. No entendía por qué alguien tan cercano podía ...
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