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Usada en el metro
Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos
... hacerla sentir tan pequeña, tan vulnerable. Cerró los ojos un momento, buscando fuerzas, respirando despacio, intentando que la música volviera a ser su refugio, aunque ya no lograba llenar el vacío que sentía. Inspiró despacio, tratando de calmar la respiración acelerada, deseando que la música que aún sonaba en sus auriculares fuera suficiente para aislarla, para crear una barrera invisible que la protegiera de todo lo demás. Pero la música ya no podía llenar el vacío que sentía. No lograba tapar el peso de aquel cuerpo grande pegado a su espalda, la mano que la sujetaba con firmeza y la presión que poco a poco la arrinconaba contra la pared metálica del vagón. Prácticamente estaba acorralada. No había espacio para moverse, ni para respirar sin sentir la cercanía de ese hombre que la mantenía atrapada. Nadie la veía, nadie parecía notar su incomodidad ni su deseo silencioso de desaparecer entre la multitud. Se sentía minúscula, invisible, perdida en medio de aquel mar de cuerpos que la rodeaban y la encerraban, como si estuviera atrapada en una burbuja de aire comprimido donde todo era demasiado y al mismo tiempo demasiado poco. Un nuevo acercamiento. Sintió un bulto contra su espalda, moviéndose casi en silencio, invadiendo aún más su espacio. Luego, la otra mano del hombre, esa que no estaba apoyada en sus costillas, subió lentamente, acariciando su pelo con una lentitud que la hizo congelarse. La mano continuó su recorrido hasta posarse en la nuca de ...
... Ariana y, con un movimiento suave pero firme, la empujó hasta que su rostro quedó apoyado contra la fría ventana del vagón. Su corazón comenzó a latir con más fuerza, golpeando con un ritmo frenético contra sus costillas. Sintió el rostro del hombre muy cerca del suyo, demasiado cerca. — Qué bien hueles —murmuró él, con voz baja y ronca, casi un susurro. La mano que antes reposaba en sus costillas cobró vida y empezó a deslizarse despacio, acariciando su vientre en un vaivén lento y constante. Ariana cerró los ojos, tragó saliva con dificultad. Notó cómo su cuerpo reaccionaba, despertaba, a pesar de que ella no había dicho ni hecho nada. Una mezcla de miedo, confusión y algo más, imposible de nombrar, la invadió por completo. Ese bulto volvió a situarse, esta vez presionando contra sus nalgas. Ariana soltó un pequeño jadeo, sintiendo cómo sus mejillas se incendiaban con un rubor violento. No podía creer lo que estaba pasando, pero aún así no se movió. Sintió el cuerpo del hombre frotarse contra ella con un roce lento, y pequeños jadeos escaparon de la boca de él, como si no pudiera controlarlo. El calor subía en su pecho y en su piel, confundiendo todo a su alrededor. Entonces, la mano que tenía en su nuca se deslizó hasta su rostro. El pulgar del hombre se abrió paso entre sus labios, como un garfio que la atrapaba sin piedad. Su boca se estiró en una sonrisa torcida alrededor de aquel dedo. — Sé que puedo volverte más receptiva —susurró con voz ...