1. Sólo mi papi, sólo él [me pone así]


    Fecha: 30/03/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Incesto Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30

    ... bañábamos y cuando teníamos esas largas sesiones de juego y cosquillas. Algunas veces le volvía a preguntar y solo me recalcaba «es que eres preciosa». Luego, a los 10 años, me invitó a ver porno. Creo que mi padre escogió el video mássoft que pudo, para darme un inicio suave. Era porno, con todo, pero era una luna de miel. La intensidad fue subiendo con el paso de las semanas y até cabos. «El pene era para meterlo en la boca, la vagina y la cola de las mujeres». Mi papá tuvo que explicarme que aunque ellos hacían gestos y sonidos de dolor, no era dolor, sino placer, algo un poco más rico e intenso que las cosquillas. Pero seguía sin tocarme para nada más que besarme la cara, abrazarme o hacerme cosquillas. Seguía pasando el tiempo y lo normal era que mi papá se me metiera muchas veces a la ducha, se le pusiera su pene grueso y se erigiera hacia adelante. Y también era normal ver porno, porno y más porno. Por aparte, también seguían los juegos y las sesiones en que me consentía mucho y reíamos, ya fuera en un parque, en un sofá en la casa o en mi habitación. Pero nunca había tocado nada que no fuera mi dorso o rostro. Estaba volviéndome loca, porque yo quería que me hiciera algo como en las películas porno que veíamos, pero jamás se lo iba a decir. O eso creía.
    
    Papá era apuesto y adinerado, pero esas eran cosas que no me importaron hasta que tuve doce. Tenía amigas en grados noveno y décimo del colegio que decían “chorrear” la baba por mi papá. Era algo molesto y ahora ...
    ... sé que lo que me producía eran celos. Pero sí, mi padre era del tipo que les gusta a las jovencitas: Un hombre, ya terminado, hecho (o sea, no un mocoso), hirsuto y varonil. Era del tipo mechudo, no de cabello largo pero sí abundante y entre el que te encanta meter la mano y que sendos mechones sedosos y brillantes se alternen con tus dedos. Su cabello pomposo le hacía juego impecable con su barba bien cortada y tupida. Ni el cabello abultado ni la barba tupida se verían en bien en un hombre pequeño o delgado, puesto que lo harían ver más pequeño y más delgado. Pero mi padre era de esos con quienes otros hombres preferían no meterse. Las camisas le quedaban ceñidas, no tendidas, y siempre dejaba el último botón suelto para alardear de su pecho velludo. Mis profesoras dejaban de ser maestras, se mojaban ante su presencia y se transformaban en cabareteras. Se recogían la falda, se abrían el escote y cruzaban piernas descaradamente en las reuniones. Pero a mí no me preocupaban la maestras, sino mis compañeras de noveno y décimo, y peor aún aquellas que no conocía, de grado undécimo o… mi intuición me lo decía: A mi papá le gustaban las niñas. No, pero ¿por qué iba a decir eso? No invente, Leandra. Me preocupaban mis propias compañera de grado octavo, y es que tenía compañeras mucho más bonitas que yo. Un día, la mamá de una compañera que se llamaba Luisa, se entusiasmó con mi padre en una reunión y por ir a coquetearle, él terminó consintiendo a Luisa¹. Y Luisa era justamente la ...
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