1. Nadie mejor que tú, tío


    Fecha: 01/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio, Fuente: CuentoRelatos

    Más allá de alguna urgencia o consulta puntual sobre un diagnóstico, imagen, medicación o molestia, siempre traté de no mezclar la profesión con la familia. Soy ginecólogo hace más de 25 años y con el tiempo me convertí en uno de los puntos de referencia en lo que a ovarios se refiere y todo el sistema reproductivo femenino. Trabajo hace más de una década en una clínica de fertilización y atiendo en mi consultorio privado a pacientes particulares o derivados a algunas empresas de medicina prepaga.
    
    Tengo cinco hermanos y 12 sobrinos, ocho mujeres y cuatro varones. Nos vemos una o dos veces al año, para los cumpleaños, las comuniones, los casamientos y las fiestas. Tengo 48 años recién cumplidos, tres hijas y un matrimonio aparentemente feliz. Con mi mujer aprendimos a convivir sin molestarnos, tanto para ella como para mí seguir casados significaba estar en una zona de confort que no estábamos dispuestos a poner en peligro. No teníamos horarios, no había ningún tipo de reclamo y nos organizábamos bien para llevar la casa y las finanzas.
    
    El mes pasado, cuando fuimos a la confirmación de uno de mis sobrinos luego hubo una reunión familiar en la casa de mi cuñada, que hacía años que estaba separada de mi hermano y vivía allí con sus tres hijas. Yo estaba a punto de meter como excusa una urgencia para retirarme con elegancia, pero apareció Candela, un ángel de 28 años con curvas pronunciadas y piernas largas. Tenía tatuada una serpiente dorada que le recorría uno de sus ...
    ... muslos, casi al aire por el tajo pronunciado de un vestido que la favorecía.
    
    Candela tenía la piel brillante y unos ojos grises que contrastaban con sus labios pintados de un rojo furioso. Era esa boca la única boca, sobresalía por su aura entre todos los del festejo familiar. Cuando nos saludamos intercambiamos algunas palabras, me contó que tenía una hija de 5 años y que hacía dos se había divorciado “y no en muy buenos términos”. Fueron dos minutos en los que me costó no dejar de mirarle la boca o el escote que dejaba ver dos tetas redondas y medianamente grandes.
    
    Me sentí un viejo pajero porque era mi sobrina la hembra que me estaba poniendo caliente así que decidí continuar con mi plan de escape y me excusé de los presentes comentando solamente que tenía que concurrir a la clínica “con posibilidades de tener que operar”. A Candela, que todavía la tenía al lado le di un beso en la mejilla y le pasé la mano por el hombro con la confianza de familiar. Tenía una piel suave y humectada. Quedé impactado con su hermosura. Con ese culo grande y paradito que dejaba ver ese vestido ajustado. En otro contexto y si no hubiese sido mi sobrina, algo hubiese intentado para que pasara algo más.
    
    Me llevó unas semanas sacarme de mis fantasías esa hembra infernal. Me había subido la lívido a niveles impensados y después de varios meses de matrimonio inmaculado me habían vuelto las ganas de coger. La imaginé chupándome la pija con esos labios carnosos y esa boca que parecía poder con ...
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