1. Nadie mejor que tú, tío


    Fecha: 01/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio, Fuente: CuentoRelatos

    ... después de tantos años de abstinencia. Tenía un culo perfecto y unos mulsos tan sinuosos que su vagina sobresalía con apenas separar las piernas. Se dio vuelta y me miró a los ojos. Notó que yo estaba nervioso con la situación y que mi erección era grotesca. Traté de acomodarme para que no se notara tanto pero ella me frenó en seco.
    
    “Tranquilo Carlos, te pido disculpas por el atrevimiento. Espero que esto quede como un secreto entre vos y yo”. Acto seguido se sentó en el banquillo y apoyó sus piernas en cada uno de los lados de la silla de exploración ginecológica. Por primera vez pude ver su conchita rosada y un orificio anal bien marcado, como los que tienen mucha actividad. Se recostó sobre el banquillo y su cuerpo era un espectáculo. No podía creer que tuviera a mi sobrina con las piernas abiertas y caliente.
    
    Comencé a escucharla con el estetoscopio. Primero por el pecho. Estaba frío y eso le puso más duros los pezones. Fui acercando el aparato hasta que lo apoyé directamente y le pedí que inhalara y exhalara suavemente. Candela largo un gemido dulce y prolongado.
    
    Bajé la inclinación del banco y empecé a manosearle las tetas. Con criterio profesional, pero con extremada lujuria. Disfrutaba apretando esas dos tetas redondas y firmes y masajearlas por todos lados para ver si detectaba algo raro. Candela se mordía los labios para no gemir, sentía como mis manos la iban poniendo cada vez más cachonda.
    
    Comencé con la palpación abdominal. Tenía un abdomen chato y ...
    ... con algunos músculos marcados. Apenas se notaba la operación de cesárea como una línea fina en una piel suave y humectada. Cuando llegué cerca de la zona de su vagina no pudo contener el gemido y volvió a morderse los labios.
    
    “Está todo bien doctor?” me preguntó con una voz quebrada y sensual. Como quien dice cosas lindas al oído. Le dije que por ahora estaba todo correcto, que iba a tener que mirar sus partes íntimas y ella instintivamente abrió un poco más las piernas. Me puse unos guantes de látex y la linterna vincha para mirar bien en su interior. Siempre que pude traté de rozar su clítoris y eso la aflojaba un poco más. Separé los labios con mis dos manos y encendí la linterna para ver bien. Era una concha perfecta, estaba toda mojada. Y era una invitación a lamerla.
    
    Le dije que iba a acercar mi cabeza para sentir sus olores, que a veces son muy importantes para un análisis de este tipo y cuando acerqué mi nariz a centímetros de su vagina sentí como con sus dos manos presionó mi cabeza para que mi nariz se hundiera en esa laguna de néctar dulce. Me saqué de un manotazo la vincha linterna y le hundí la lengua hasta lo más profundo que pude. Candela suspiró con fuerza y comenzó a gemir mientras le hundía mi lengua y jugaba con su clítoris. Candela me agarró más fuerte de la cabeza y comenzó a temblar. “Me vengo tío”, me dijo y sentí como mi boca se llenaba de sus jugos calientes. Seguí chupándosela hasta que relajó su espalda y se le aflojaron las piernas.
    
    Me ...
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