1. Nadie mejor que tú, tío


    Fecha: 01/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio, Fuente: CuentoRelatos

    ... seguía pidiendo que se la metiera más adentro. “Enterrámela hasta los huevos, Carlos, quiero sentir tu semen caliente”, me dijo mientras me chupaba los dedos y gritaba como una loca pidiendo más y más. “La leche te la voy a dar en la boca”; le dije mientras la sacaba de su culo latiente. “Donde quieras Carlos”, me dijo y se inclinó hacia mi pija. “Te gusta que sea puta y chancha”; me dijo mientras se metía hasta la garganta mi pija al borde del colapso.
    
    Le hundí la pija hasta la garganta y le presioné la nuca hasta que sintiera que se atragantaba. Cuando la saqué hizo algunas arcadas, pero volvió a metérsela hasta que su nariz golpeaba con mi pelvis y con su lengua llegaba a lamer mis huevos a punto de explotar. Ella la chupaba y se frotaba el clítoris, cada vez que se la metía hasta la garganta sus ojos se humedecían y daba un pequeño grito de placer cuando se la sacaba. “Dame toda la leche hijo puta, te gusta como te coge esta pendeja”, y empezó a jugar con uno de sus dedos en mi culo. Eso me la puso más dura, la agarré de las mejillas y literalmente empecé a cogerle la boca. Fueron diez o quince embestidas en las que ella sólo acompañaba con sus labios y su lengua.
    
    Cuando notó que estaba a punto de acabar, acarició mis huevos y se aferró a mi pija. Con el primer chorro de leche caliente la hice toser ...
    ... pero enseguida se repuso y empezó a succionar y a tragársela toda. Fueron dos o tres chorros interminables con ella prendida a mi poronga que seguía tiesa a pesar del orgasmo.
    
    Siguió jugando con su boca en mi miembro. Con la lengua bajaba hasta los huevos y volvía rápidamente para envolverla con sus labios carnosos y empujar hasta el fondo. Luego la sacaba lentamente, succionando para llevarse hasta la última gota de leche que me quedaba. Ella seguía frotándose el clítoris y pude sentir como volvía a acabar mientras saboreaba mi leche. Se estaba tragando uno de los mejores polvos de mi vida.
    
    Se incorporó, me dio un beso en la boca y se quedó desnuda varios minutos pegada a mi cuerpo. Candela estaba agitada, le temblaban las piernas, pero por primera vez se la veía sonreír. Le dije que no tenía absolutamente nada por lo que preocuparse, que le iba a pasar el teléfono del algún colega para que se hiciera los estudios de rutina. Ella seguía allí , como perdida, contenta por haber dado un paso adelante en su vida íntima. Me reiteró que para ella esto iba a quedar en secreto y que nadie iba a enterarse ni siquiera de su visita al consultorio.
    
    Le dije que las puertas estaban abiertas y que podía consultarme cuando quisiera. “Nos veremos pronto tío Carlos, sabía que para mi problema no había nadie mejor que tú”. 
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