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Carta de Vanessa, al Cornudo de su esposo [05]
Fecha: 13/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Reina de Picas, Fuente: TodoRelatos
... oscuros, nadie ve un carajo», y me empujó hacia abajo, la cabeza de su verga abriéndome la concha con un pinchazo que se fundió en un placer sucio, arrancándome un alarido, «¡Dios, papi, qué grande!». Mi cuerpo se tensó, mis tetas desnudas se sacudieron en el aire, los pezones tiesos como clavos mientras él me taladraba desde abajo, sus manos amasándome el culo, dejando huellas rojas que quemaban. Mi blusa en el suelo, y mis tetas se mecían libres, chocando contra el torso velludo de Damián mientras él se agachaba, atrapando un pezón con la boca, succionándolo con una voracidad que me hizo chillar, «¡Papi, me matas!». Sus dientes arañaron la piel, mordiendo hasta dejar un ardor que palpitaba, su lengua barriendo el sudor que me goteaba por el ombligo, y yo gemía, atrapada en el morbo, en la traición, sabiendo que esto, amor, esto nunca te lo ofrecí, nunca dejé que mis tetas llevaran tus marcas, nunca rugí por ti como rugía por él. «Mírate, zorra, cabalgándome mientras tu maridito sirve tacos allá afuera», rugió, su voz un latigazo que resonaba en mi culpa, y yo jadeaba, «¡Sí, papi, dámelo todo!», mi concha estrujando su verga con cada embestida, mi humedad empapándole los muslos, salpicando el cuero con un ruido viscoso que me humillaba y me prendía. El terror de que nos descubrieran me consumía, amor, cada destello que juraba ver afuera, cada eco de la lotería en la kermés, me hacía imaginarte empujando la puerta, viéndome montarlo como una cualquiera, mis tetas al ...
... descubierto, mi cara empapada y mi concha chorreando por otro hombre. «Damián, espera… hay alguien», gemí, mis ojos se clavaron en la ventana, pero él solo soltó una risa, lamiendo mi otro pezón con un chasquido húmedo, «Que se asomen, mamacita, que vean cómo te hago mía». Cabalgaba con desenfreno, amor, mis caderas bailando solas, subiendo y bajando sobre su verga, cada golpe hundiéndose hasta lo más profundo, las venas pulsando contra las paredes de mi concha, tan ancha que me dilataba al límite, tan larga que me tocaba el alma, sitios que tú, Pablo, nunca rozaste. «¡Carajo, papi, qué bestia!», aullé, y él rugía, «Siente, perra, esto no te lo da ese pusilánime de tu marido». Sus palabras me llegaban hondo, amor, cada una un recordatorio de mi traición, de que esta polla me llenaba como tú nunca lograste, y la vergüenza me hacía empaparme más, mi concha goteando como una tormenta, mis muslos temblando mientras lo montaba, el carro tambaleándose como si fuera a desmoronarse. De repente, me alzó. Sus manos, como garfios, me aferraron la cintura. Me volteó, me dejó de rodillas en el asiento trasero. El culo se alzó en pompa. Mis tetas se aplastaron contra el reposacabezas. El cuero helado raspó mis pezones. «Échate pa’trás, puta», ordenó. Obedecí como esclava, amor. Mis dedos se aferraron al reposacabezas. Él se posicionó detrás. Su verga rozó mi concha por detrás. La punta me abrió con una calma que me hizo jadear. «Damián, no… si alguien viene…», susurré. Mis ...