1. Carta de Vanessa, al Cornudo de su esposo [05]


    Fecha: 13/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Reina de Picas, Fuente: TodoRelatos

    Parte 5
    
    El estacionamiento detrás de la iglesia era un terreno oscuro, lleno de carros viejos y sombras que se movían como fantasmas bajo la luz mortecina de un farol roto. Ahí estaba él, amor, Damián, recargado contra una camioneta impecable, su camisa blanca abierta en el pecho, dejando ver ese torso velludo que me hacía perder la cabeza.
    
    Sus ojos negros brillaron cuando me vio acercarme, como si ya supiera que iba a caer, como si mi resistencia fuera un chiste que solo él entendía. «Sabía que vendrías, putita», gruñó, con esa voz grave que me vibraba hasta el la concha, y yo me quedé parada a unos pasos, temblando, con las manos apretadas en puños, queriendo gritarle que me dejara en paz pero con las bragas empapadas traicionándome.
    
    Mis nervios eran un nudo en el estómago, Pablo, un nudo que se apretaba más con cada paso que daba hacia él. Había dicho que iba al baño, pero aquí estaba, caminando hacia un hombre que me estaba destruyendo, con el corazón latiéndome en las sienes y las piernas flojas como si fueran a doblarse.
    
    Cada crujido de la grava bajo mis pies me estresaba más. Sabía que de no parar estaría cerca de tirarlo todo por la borda. Pensaba en ti, amor, en tu cara cansada ayudando con el sorteo, en Lupita y tu mamá riéndose a unos metros, en Toño y su mirada de cabrón que sabía demasiado. El miedo me comía viva, pero algo más fuerte, algo sucio y caliente, me empujaba hacia él, como si mi cuerpo tuviera una voluntad propia que no podía ...
    ... controlar.
    
    «Vete a la chingada, Damián», le solté, y mi voz salió afilada, cargada de una rabia que me quemaba el pecho. No era la Vanessa débil que balbuceaba excusas, no, esta vez era una mujer harta, con las uñas clavadas en las palmas y los ojos ardiendo.
    
    «¿Por qué carajos le contaste a Toño lo que pasó entre nosotros? ¡Porque lo sabe, cabrón, Toño sabe lo nuestro! ¿Sabes lo que me estás haciendo? ¡Me estás jodiendo todo, todo lo que he peleado por tener con Pablo, con su familia, con esta pinche vida que me agobia pero que es mía!» Mis palabras eran un torrente, cada una más pesada, y las lágrimas me picaban los ojos, pero me las tragué, porque no iba a dejar que me viera rota.
    
    «¡Toño podría soltar la boca cualquier día, Damián, quizá borracho o drogada o qué se yo! ¿Te das cuenta? Una palabra suya y mi mundo se va al carajo. Lupita, mi suegra, mi marido… todos me van a ver como una zorra barata, y tú te vas a reír mientras yo me hundo. ¿Eso quieres? ¡Dime, cabrón, eso quieres?»
    
    Él se rió, un sonido bajo y áspero que me erizó la piel, y dio un paso hacia mí, su olor a loción fresca y sudor limpio envolviéndome como una trampa. «Cálmate, reinita», dijo, con esa mueca torcida que siempre me desarmaba. «Toño no es pendejo, sabe cerrar la boca. Es mi compa, lleva años conmigo en el taller, y nunca ha traicionado mi confianza. ¿Crees que va a ir corriendo a contarle a su mujercita que te cogí? No, Vanessa, él sabe cómo son las cosas, y tú también lo sabías cuando te metiste ...
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