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Ona se deja llevar
Fecha: 14/04/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Blanca Steel, Fuente: TodoRelatos
... entreabiertos. Su mano subió por la espalda mojada de Ona, acariciando con la palma abierta cada vértebra, hasta llegar a la nuca, donde enredó sus dedos en el cabello empapado. La atrajo con firmeza, haciendo que sus pechos se comprimieran el uno contra el otro, piel con piel, pezón contra pezón, sintiendo el roce eléctrico que generaban. El beso se volvió más profundo, las bocas entreabiertas se fundían en un juego húmedo de succión y lengua, dejando escapar pequeños gemidos entre cada contacto prolongado. Cuando sintió que el cuerpo de Ona se entregaba más y más, Lucía se obligó a detenerse por un momento. Acarició su mejilla y la miró a los ojos con una ternura que contrastaba con la intensidad del beso. —No hay prisa —murmuró, su voz ronca por la excitación—. Sé que es todo nuevo para ti... y no quiero abrumarte. Ona solo pudo asentir con las mejillas encendidas, mordiéndose el labio mientras su cuerpo temblaba con cada nueva sensación. Lucía deslizó sus manos por el costado de Ona y la acarició por encima, sin invadir más allá de la piel húmeda y palpitante. Sus dedos se movían con destreza y respeto, tocando, rodeando, acariciando sin apresurar, mientras su boca se entretenía dejando pequeños besos en su cuello y clavícula. —Déjate llevar —susurró—. Toca, siente... explora lo que quieras. Nadie va a juzgarte aquí. La mirada de Ona brillaba, su respiración se agitaba, y por primera vez se sintió libre de hacerlo. Sus manos, aún tímidas pero cada vez ...
... más atrevidas, comenzaron a recorrer el cuerpo de Lucía con la inocente determinación de quien está despertando a algo profundo y salvaje. Lucía, con los ojos entrecerrados, abrió ligeramente las piernas mientras seguía de pie bajo el agua tibia de la ducha. El gesto era una invitación clara, silenciosa, y su cuerpo hablaba con más elocuencia que las palabras. Guiaba con sutiles movimientos las caricias de Ona, permitiéndole seguir bajando, alentándola sin prisas, pero con un deseo creciente. Ona, notando aquel gesto, dejó que su mano se deslizara por la cadera húmeda de Lucía, descendiendo lentamente hasta el muslo. Sus dedos temblaban, pero no se detenían. Se acercaban peligrosamente al centro del placer que Lucía le ofrecía con esa apertura leve y descarada. Al llegar a los labios húmedos de su sexo, Ona notó cómo el agua resbalaba sobre la piel, pero algo más espeso, más cálido y resbaladizo se mezclaba en su tacto. Esa diferencia la estremeció. No solo por ser una sensación completamente nueva, sino por entender —con el roce, con la yema de los dedos— que aquel fluido nacía del placer de Lucía, del deseo que había despertado en ella. Ese descubrimiento encendió algo salvaje en su interior. Desde un lado, Marta observaba cada movimiento con los labios entreabiertos, el deseo pintado en su rostro. La escena la arrastraba con fuerza irresistible. Se acercó sin decir nada, atraída por la tensión que ya la envolvía como un vaho caliente. Se colocó al lado de Lucía, ...