1. Bajo dominio de su padrastro - Parte 3


    Fecha: 14/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos

    (Leer la parte 1 y 2, para entender la historia)
    
    El Pacto del Dolor
    
    El amanecer apenas comenzaba a filtrarse entre las cortinas cuando Hugo despertó, su cuerpo ya alerta, su mente enfocada en la joven que dormía acurrucada en el suelo como una perra sumisa. La frazada apenas cubría sus curvas, dejando al descubierto la suave piel de su espalda y las marcas rojizas que él había dejado la noche anterior. Se vistió con calma, disfrutando del espectáculo de su sumisión incluso en sueños.
    
    —Buenos días, perrita —murmuró, despertándola con suaves pero firmes patadas en las costillas.
    
    Amelia se removió, entre el sueño y la realidad, hasta que sus ojos verdes se abrieron y se encontraron con los oscuros de él.
    
    —Buenos días, Hugo —respondió con voz ronca por el sueño.
    
    Hugo inclinó el cuerpo sobre ella, agarrando su mentón con fuerza.
    
    —Buenos días, mi dueño —corrigió, arrastrando las palabras con un tono que no admitía errores.
    
    Ella tragó saliva, sintiendo cómo el simple cambio de palabras la hacía arder.
    
    —Buenos días… mi dueño.
    
    Él sonrió, satisfecho, y se enderezó.
    
    —Prepara el desayuno. Tenemos cosas que hablar.
    
    Amelia se movió rápidamente, todavía adormilada pero obediente, preparando el café y los huevos mientras Hugo se sentaba a la mesa, observándola con esa mirada que la hacía sentir desnuda incluso con ropa. Cuando terminó, se arrodilló junto a su silla, esperando su turno para comer, como él le había enseñado.
    
    Hugo tomó un sorbo de café ...
    ... antes de hablar, sus ojos fijos en ella.
    
    —Anoche querías que te cogiera, ¿verdad? —preguntó, directo, como un cuchillo cortando el aire.
    
    Amelia sintió que el rubor le subía por el cuello hasta las mejillas. Quería mentir, pero algo en su mirada le decía que sería inútil.
    
    —Sí… quería que me hicieras el amor —confesó, casi en un susurro.
    
    Hugo rió, un sonido bajo y cargado de dominio.
    
    —Sabía que eras una puta arrastrada —dijo, sin piedad—. Pero te cumpliré tu deseo. Con una condición.
    
    Ella levantó la vista, esperanzada.
    
    —Ve a buscar mi fusta.
    
    El corazón de Amelia latió con fuerza, pero no dudó. Se levantó y fue hacia el armario donde Hugo guardaba los instrumentos de su sumisión, tomando la fusta de cuero negro con manos temblorosas. Cuando regresó, Hugo ya estaba de pie, esperándola con una sonrisa que prometía dolor y placer a partes iguales.
    
    —Si aguantas cien fustazos, serás mía —anunció, como si le ofreciera un trato justo.
    
    Ella no lo pensó.
    
    —Sí.
    
    Hugo no perdió tiempo. La tomó del brazo y la llevó al centro de la habitación, donde ya había preparado una soga colgante. Con movimientos precisos, le ató las muñecas y la dejó suspendida, sus pies apenas rozando el suelo. El aire frío de la mañana acarició su piel desnuda, haciendo que sus pezones se endurecieran al instante.
    
    —Cuenta cada uno —ordenó Hugo, pasando la fusta por su espalda en una caricia amenazante—. Y si fallas, empezamos de nuevo.
    
    El primer golpe llegó sin aviso, cortando el ...
«1234»