1. Bajo dominio de su padrastro - Parte 3


    Fecha: 14/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos

    ... aire con un silbido antes de estrellarse contra sus nalgas. Amelia gritó, un sonido agudo que se mezcló con el crujido del cuero.
    
    —¡Uno! —logró decir, entre jadeos.
    
    El segundo fue más fuerte, marcando su piel con una línea de fuego.
    
    —¡Dos! —gritó, sintiendo cómo el dolor se transformaba en una extraña euforia.
    
    Hugo no tenía prisa. Cada golpe era calculado, alternando entre sus nalgas, sus muslos, su espalda baja. A veces esperaba lo suficiente para que Amelia comenzara a relajarse, solo para azotarla de nuevo con más fuerza.
    
    —¡Quince! —lloró, arqueándose cuando la fusta se enrolló alrededor de su muslo, dejando una marca que prometía moretón.
    
    —¿Duele? —preguntó Hugo, acariciando la zona enrojecida con los dedos.
    
    —Sí… pero no pares —suplicó, sorprendida por sus propias palabras.
    
    Hugo sonrió y continuó.
    
    A medida que los golpes aumentaban, Amelia perdía la noción del tiempo. Su cuerpo estaba cubierto de marcas, su piel ardía, pero cada latigazo la llevaba más cerca de algo que no podía explicar. Entre los gritos, comenzó a sentir una humedad entre sus piernas, una excitación que crecía con cada nueva herida.
    
    —¡Cuarenta y tres! —gemía ahora, su voz ya ronca.
    
    Hugo observó cómo sus piernas temblaban, cómo sus músculos se tensaban con cada impacto. Se detuvo un momento, acercándose a su oído.
    
    —¿Te gusta, perrita? ¿Te gusta que te marque? —preguntó, mordiendo su oreja.
    
    —Sí… —admitió, avergonzada pero sincera.
    
    —Pide más.
    
    —¡Azótame más! ...
    ... —suplicó, sin reconocer su propia voz.
    
    Hugo cumplió.
    
    Los golpes finales fueron los más intensos, cada uno enviando ondas de dolor y placer que la hacían gritar y gemir al mismo tiempo. Cuando finalmente llegaron al cien, Amelia estaba al borde del colapso, su cuerpo brillaba de sudor, sus marcas palpitaban, pero sus ojos brillaban con una satisfacción perversa.
    
    Hugo la soltó de las ataduras, dejando que cayera en sus brazos.
    
    —Ahora eres mía —susurró, llevando una mano entre sus piernas para comprobar lo empapada que estaba—. Y esta noche, te daré lo que tanto pediste.
    
    Amelia no respondió, pero su cuerpo, marcado y sumiso, ya era respuesta suficiente.
    
    Después de los cien azotes Hugo no dejó que Amelia se moviera por su cuenta, la tomó entre sus brazos con una fuerza que contrastaba con la delicadeza de sus movimientos, la llevó al baño donde había preparado una bañera con agua tibia y espuma que olía a lavanda, la sumergió lentamente mientras sus grandes manos recorrían cada marca roja en su piel, cada línea que él mismo había dibujado con la fusta
    
    —Duele —susurró Amelia entre dientes apretados cuando el agua rozó las peores heridas
    
    —Lo sé —respondió Hugo sin dejar de lavarla con esponjas suaves— pero lo aguantaste bien mi perrita
    
    Ella cerró los ojos sintiendo cómo sus dedos se deslizaban por su espalda, sus caderas, evitando solo donde el dolor era demasiado intenso, el contraste entre la crueldad de antes y esta ternura casi paternal la hacía sentirse ...