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Construyendo paraísos (2): Pajas en el establo
Fecha: 14/04/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Wily, Fuente: CuentoRelatos
... primeros días fueron muy extraños, nos contaba, lo típico del “jet lag”. Para llegar al rancho ha tenido que coger otro vuelo hasta el aeropuerto más cercano. En la sobremesa nos da cuenta de las últimas novedades de su ruptura, con Tara ya se había sincerado en la distancia y consolado en la medida de lo posible a miles de kilómetros. Pese a lo dramático de lo que es un divorcio nos dice que ha pasado página y que se ha venido al otro lado del mundo para olvidar las penas y disfrutar a tope del momento. El rato que llevábamos allí hizo que los nebulizadores, aunque no mojaran, sí humedecían el ambiente y también la ropa, no lo notamos porque el calor es abrasante y el agua atomizada nos refresca, dando sensación de confort sin notar la ropa húmeda, yo que estoy sentado frente a Nore he ido viendo como su blusa blanca se ha ido transparentando, dejando a la vista un bonito sujetador de encaje color hueso, entre el dibujo del encaje se han terminado por marcar unos pezones que apuntaban hacia el cielo. La visión era de lo más excitante para un hombre, lo de concurso de camisetas mojadas sería una nimiedad comparado con lo que tenía ante mis ojos. Sus pechos eran más grandes que los de Tara, sin ser desproporcionadamente grandes, ya se alumbraba un escote generoso antes de sentarnos a la mesa, tanto que al inclinarse para sentarse ya me alegró la vista. Las mujeres no dejaban de hablar y yo no quitaba ojo de aquellos dos melones que invitaban a quedarse sin ...
... respiración entre ellos. De vez en cuando miraba a Tara para que no se notara mi fijación y porque su contemplación, la blusa casi transparente, me estaba llevando a empalmarme y si me tuviera que levantar sería difícil de explicar mi estado. Tara se dio cuenta y fue quien se lo dijo a Nore que se levando rápidamente abochornada e intentando tapar con brazos y manos lo que por su estupendo volumen era imposible tapar. Cuando nos quedamos solo Tara me echó la bronca por no avisar y por quedarme mirando como un calentón. En la siesta estaba yo que me salía pero Tara se negó a satisfacer mis ganas, me decía que si no me daba vergüenza y que para nada me iba a hacer una paja pensando en las tetas de su amiga, así que dejé que se calmaran los ánimos y mi calentura, a dormir y soñar, mejor con algo frío. Tras la siesta habían quedado en darse un baño en la piscina, yo tenía que atender el ganado y no volvería hasta anochecido. Antes de irme ya estaban las señoras con su bikini dispuestas, las dos llevaban el socorrido pañuelo anudado a las caderas, que supongo se lo ponen para disimular un exceso de culo y de ensanche de caderas, debido esto último por la maternidad. Las contemplé y ninguna necesitaba disimular nada, de Tara ya lo sabía, de Nore lo estaba descubriendo, aunque mis ojos volvieron a fijarse principalmente en su delantera, el bikini dejaba ver los lados de los pechos perfectamente redondeados, tapando sólo el frente. Tara casi me echo de allí, que me fuera a hacer las ...