1. Construyendo paraísos (2): Pajas en el establo


    Fecha: 14/04/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Wily, Fuente: CuentoRelatos

    ... tareas que tenía previstas. No quería irme, mientras Tara me empujaba, yo seguía mirando a Nore, el tipazo que tenía que me hacía babear. Al final me fui al establo para dar de comer al ganado y luego tenía que revisar una valla algo lejos, por lo que iría a caballo. El establo tiene unas ventanas que dan a la zona de la piscina, están sucias y llenas de polvo, pero una de las veces miro a través de ellas y las veo a las dos tumbadas en las hamacas al sol y completamente desnudas, he tenido que volver a mirar fijamente para asegurarme y que no era mi calentada imaginación.
    
    La visión no dejaba dudas, Tara le gustaba tomar el sol desnuda y yo le animaba a ello, me encanta ver su cuerpo, sus curvas, sus pechos al sol, hasta su coñito, sabía quien era quien no sólo por la diferencia de tamaños de las tetas, también se notan las marcas de la piel donde no ha visto el sol de Nore que Tara no tiene y además, el rasurado del vello púbico, sin pelos lo tiene Tara, aunque Nore lleva un rasurado agradable de ver.
    
    Las veo de frente, ellas no me ven porque, además de la suciedad de los cristales, el pajar está oscuro, sólo la luz que entran ...
    ... por las ventanas donde estoy, el recuerdo de las vistas de la comida y las de ahora se me pone la polla dura y no dejo pasar la ocasión de hacerme una paja viendo a las dos bellezas tostándose al sol, mientras me la meneaba contemplaba sus caderas, sus muslos, sus pechos, todo me excitaba y dejé que la leche saliera disparada, en el momento del orgasmo se me volvieron a cerrar los ojos, instante fuera de control, porque lo que yo quería es sentir el placer viendo lo que me excitaba, fue un instante, luego volví a verlas y disfrutar unos momentos de la vista. Tras lo cual ensillé un caballo y salí sin molestar a las damas.
    
    De vuelta ya anochecido las mujeres estaban en el porche de charla, yo me acerqué montado en el caballo, quería hacerme el interesante para ellas, que me vieran como esos jinetes de las películas de vaqueros acercándose al pueblo, les saludé, descabalgué con elegancia y pregunté si había pasado buena tarde, a lo que asintieron a la vez. Seguido me llevé el caballo a los establos. Tengo que decir que no era la primera vez que me hacía una paja desde allí, aunque sí la primera con la visión de alguien más que Tara. 
«123»