1. El sexo anal salvó mi carrera


    Fecha: 18/04/2026, Categorías: Fetichismo Autor: PatonaQuintero, Fuente: CuentoRelatos

    ... poco me la metía y sacaba con más fuerza. Sus muslos chocaban contra mis nalgotas y hacían el típico sonido de aplauso. No me cogía rápido, pero me la metía con mucha fuerza. Mientras él me cogía por el culo yo me empecé a masturbar y a meterme los dedos en la vagina. Estaba mojada, pero no lo suficiente, así que decidí pedirle un favor:
    
    —Coordinador, ¿no quiere sentir también mis pies?
    
    Sólo asintió y me sacó la verga del culo, pero se la agarré con la mano y le dije:
    
    —Pero todavía no me la saque, me gusta sentirla aquí adentro.
    
    Y me la volví a meter al ano. Con su verga adentro y mis piernas abiertas, me empecé a desatar otra vez los huaraches. Cuando quedé otra vez descalza le puse uno de mis pies sobre la boca y le dije que me chupara los dedos. Él no tenía idea de que mis pies estaban cubiertos de la leche de Sergio, pero no se lo dije, y al parecer ni siquiera le importó porque me los empezó a chupar con mucha pasión.
    
    Su lengua recorría cada uno de mis dedos por dentro y por fuera. Por momentos se metía todos mis dedos a la boca. Yo me empecé a mojar en serio y de pronto hizo lo que yo estaba deseando: me sacó el pene del ano y me agarró los pies para que lo masturbara con ellos. Se los acercó a la verga y yo empecé a mover mis dedos acariciando su glande. Con cada pequeño toque en su glande él se estremecía. Hasta que finalmente le sujeté la verga poniéndola entre mis dedos. Con mis dos pies le agarre la verga y se la jalé de arriba hacia abajo, primero ...
    ... suavemente y luego con más energía.
    
    Lo que había sido una experiencia completamente nueva con mi amigo Sergio, ahora parecía como si fuera una experta en el arte del footjob. Mis dedos largos acariciaban y sujetaban la verga del coordinador con una habilidad que ni yo misma sabía que tenía. Y cuando pensé que estaba a punto de venirse, me detuvo y me dijo:
    
    —Tengo una idea.
    
    Me llevó a su sofá, se acostó en él y me dijo:
    
    —Ahora móntame y sube tus pies a mis muslos.
    
    Entonces me acerqué a él, me subí al sofá, me puse de espaldas a él y me agaché para sentarme en su verga. Me la volvió a meter en el ano y empecé a darme sentones sobre ella. Mis piernas estaban abiertas cada una a un costado de su cuerpo. Pero entonces me dijo:
    
    —Sube los pies a mis muslos, párate en mis piernas.
    
    Al principio no entendí lo que me quiso decir, pero después él me agarró los pies para guiarme. Primero me agarró el tobillo derecho y puso mi pie sobre su muslo derecho, entonces entendí la posición y subí mi otro pie sobre su muslo izquierdo. Me encantó esa posición y me siguió cogiendo el culo unos cuantos minutos. Hasta que finalmente se iba a venir. Me dijo que abriera la boca para aventarme sus mecos, pero le dije:
    
    —No, mejor los quiero aquí.
    
    Me puse en cuatro, levanté mis pies y le ofrecí las plantas de mis pies. Sin pensarlo dos veces se vino en ellos. Todo su esperma cayó en las plantas de mis pies mientras movía mis dedos y los abría para causarle más excitación. Antes de ...