1. Distopía de género: La metamorfosis de Julián 3


    Fecha: 18/04/2026, Categorías: Transexuales Autor: Vera, Fuente: TodoRelatos

    El aire no entraba en sus pulmones. Julian se apoyó en su escritorio, jadeando, cada respiración un silbido tembloroso. Su cuerpo era un campo de batalla. La sangre le latía en los oídos, en el cuello, y con una furia vergonzosa, en su ingle. La erección era una barra de hierro, dolorosa y desafiante, que estiraba la fina tela de su uniforme hasta un punto casi transparente. Era una humillación visible, una bandera de su propia y jodida traición. Desesperado, en un acto de pura necesidad animal, se frotó contra la esquina afilada de su escritorio. Una, dos, tres veces. La presión, la fricción, era una agonía exquisita, un castigo que era también un alivio.
    
    —*¿Pero qué coño haces, perra sarnosa?* —la voz de Julianna sonó en su cabeza, cortante y llena de un desprecio absoluto—. *¿Te estás follando los muebles ahora? ¡Qué patética! ¡Estás tan desesperada por una polla que te conformas con la esquina de una mesa! ¡Eres un puto animal en celo!*
    
    Julian solo pudo soltar un gemido ahogado y asentir, incapaz de formular una respuesta. Estaba demasiado excitado, demasiado al límite. El mundo se había reducido a la presión en su entrepierna y al eco de las amenazas de Marcos.
    
    —*Te gusta, ¿verdad? Estar así, a punto de reventar* —continuó ella, su tono ahora un ronroneo sádico, pintando imágenes en el lienzo de su mente excitada—. *Imagínatelo, Juli. Podrías estar ahora mismo debajo del escritorio del Capitán, no para limpiarle las botas, sino para servirle de reposapiés para ...
    ... su polla. O podrías estar a cuatro patas sobre la fotocopiadora, con Rios metiéndotela por el culo mientras Marcos hace copias de tus nalgas gritando. O mejor aún, podrían usarte para prácticas de tiro. El que acierte más cerca de tus pezones sin darte, gana el derecho a vaciarte su cargador... de leche caliente, dentro de ti.*
    
    Las fantasías, tan viles y explícitas, fueron como echar gasolina al fuego. Con el rostro encendido y las piernas temblorosas, se dirigió a la sala de reuniones.
    
    Entrar fue como sumergirse en un foso de lobos. El murmullo de conversaciones se detuvo al instante. Veinte pares de ojos depredadores se clavaron en él. Vieron su rostro sonrojado, sus ojos brillantes por las lágrimas no derramadas, sus labios entreabiertos mientras jadeaba por aire. Vieron la forma en que su cuerpo, tenso por la excitación, hacía que su culo prieto se contoneara aún más. Su vergüenza no lo protegía; era un puto afrodisíaco para ellos.
    
    —*Eso es, nena* —le susurró Julianna—. *Entra como si fueras la dueña... del coño más solicitado de la ciudad. Les encanta cuando te haces la tímida. Creen que te están corrompiendo, no se dan cuenta de que ya eres una puta de nacimiento.*
    
    El asalto verbal fue inmediato.
    
    —¡Joder, mirad la erección de la princesa! —gritó un agente desde el fondo—. ¡Ni siquiera se molesta en ocultar que viene cachonda al trabajo!
    
    —Vienes con la cara roja como un tomate, muñeca… ¿Estabas en los baños haciéndote una paja pensando en tu papi Marcos? ...
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