1. Distopía de género: La metamorfosis de Julián 3


    Fecha: 18/04/2026, Categorías: Transexuales Autor: Vera, Fuente: TodoRelatos

    ... un polvo rápido. ¡Para subir la moral del equipo!
    
    —¡No, no! ¡Yo tengo una idea mejor! —exclamó otro agente—. ¡La recepcionista de los calabozos! Pero no para tomar notas. Para "interrogar" a los sospechosos. ¡Apuesto a que les sacarías una confesión a nuestros prisioneros a base de mamadas y sentándote en su regazo! ¡Serías nuestra arma secreta!
    
    —¡La animadora! —gritó un cuarto—. ¡Antes de cada turno, podrías hacernos un twerking para motivarnos! ¡Moverías ese culo para nosotros y saldríamos a la calle con las pollas duras y listos para la acción!
    
    —¡Cállate, puta! ¡Tu única función aquí es ser un objeto decorativo y mantenernos la polla dura entre caso y caso!
    
    —¡No sabes usar una pistola, pero seguro que sabes cómo recibir un disparo… de leche caliente en toda la cara!
    
    Se sonrojó hasta las raíces de su pelo rubio, intentando desesperadamente ocultar la erección que palpitaba con cada insulto. Cada palabra era una caricia abrasiva, cada humillación un paso más hacia un orgasmo que no podía permitirse.
    
    —¡Silencio! —ladró el Jefe—. La reunión ha terminado. ¡A sus puestos!
    
    Todos se levantaron, dándole a Julian palmadas "amistosas" en el culo al pasar. Él se quedó sentado, hirviendo de rabia y vergüenza. No estaba contento. No iba a pasarse otro día siendo una puta con placa paseándose por el barrio. Tomó una decisión. Se levantó y, con una determinación que no sabía que poseía, se dirigió a la oficina del Capitán Valerius. Iba a conseguir un caso de verdad, ...
    ... costara lo que costara.
    
    La sonrisa de Valerius era la de un carnicero ante un trozo de carne de primera. Se movió detrás de Julian, su presencia una montaña que bloqueaba la única salida. Sus brazos rodearon el esbelto torso del chico, un abrazo que no era de consuelo, sino de posesión. La corpulencia de Valerius lo engullía, el áspero tejido de su uniforme rozando la piel sensible del cuello de Julian. Sus manos, grandes y carnosas, se deslizaron por debajo de la camisa de Julian, sus dedos gruesos y callosos encontrando la piel suave y febril de su pecho. Rozaron sus pezones, que se endurecieron al instante como dos guijarros.
    
    —Eso es, mi niña… —susurró el Capitán, su aliento a whisky y a poder rancio en la oreja de Julian—. Acéptalo. Ríndete a la verdad. No hay nada que combatir. Esto es lo que eres. Esto es para lo que fuiste creada. Solo di que sí.
    
    Julian asintió, un movimiento apenas perceptible, y un sollozo se rompió en un gemido suave y agudo, el sonido de una presa que finalmente deja de luchar. "Sí…".
    
    La palabra fue suficiente. Valerius gruñó, un sonido gutural de triunfo, y frotó su entrepierna contra el firme trasero de Julian. Su erección era una porra de hierro, furiosa y gruesa, que se clavaba en la hendidura entre las nalgas de Julian, estirando la tela del pantalón. Empezó a moverse, un ritmo lento y aplastante, cada empuje un acto de dominación.
    
    —¿Ves? ¿Sientes esto? —jadeó el Jefe en su oído—. Esto es poder de verdad. Esto es masculinidad. ...
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