1. LSG Capítulo 2: Lo que me calienta de ti


    Fecha: 19/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Noctis Rouge, Fuente: TodoRelatos

    ... imaginarlo —le susurró él.
    
    Ella sintió un leve escalofrío. El tono había cambiado. Ahora no era solo juego, era tensión. Su cuerpo lo sabía.
    
    —Se arrodilló, me abrió las piernas y... sí, me comió. Me hizo gritar. —Gabriela se humedeció los labios—. Me vin... me vine con la lengua dentro.
    
    Mateo cerró los ojos un segundo, su mano ahora sobre la parte baja de su muslo, donde empezaba el borde del short. No apretaba, solo recorría.
    
    —¿Y tú qué hiciste?
    
    Gabriela lo miró directo a los ojos. Sus rostros estaban cerca.
    
    —También, le hice todo, hasta que terminó en mi boca…Y no dejé ni una gota.
    
    Hubo un silencio espeso entre ambos.
    
    Mateo apretó la mandíbula.
    
    —¿Lo disfrutaste?
    
    Ella asintió sin hablar.
    
    —¿Más que cuando yo te acariciaba aquí? —le murmuró, mientras pasaba su dedo por el borde de su muslo desnudo.
    
    Gabriela sintió el estómago encogerse. El corazón le latía fuerte.Pero no se movió.
    
    —Tú nunca llegaste a besarme —le dijo.
    
    —Tú nunca me dejaste.
    
    —Porque sabías que tenías a tu cachorra.
    
    Mateo la miró fijamente. —Y tú sabías que aún así querías que lo hiciera.
    
    La mano de él ahora se apoyaba firme sobre su pierna, no había nadie alrededor, Gabriela tragó saliva. El aire se había vuelto denso, la biblioteca se sentía más silenciosa que nunca.
    
    —¿Te calienta pensar en eso? —le preguntó él, la voz ya ronca—. En cómo pudo haber sido si no llegaba tu marino antes que yo.
    
    Ella no respondió, pero sus muslos se cerraron, tensos, y sus ...
    ... mejillas estaban encendidas.
    
    Mateo acercó su rostro un poco más.
    
    —Dímelo —susurró—. Solo una vez.
    
    Ella cerró los ojos. Su voz salió casi en un hilo:
    
    —Sí…Me calienta.
    
    Parte 6: El filo del incendio
    
    La mirada de Mateo era distinta, no tenía la sonrisa irónica de siempre. Estaba fija, oscura, con una intensidad que le erizaba la piel y su mano seguía sobre su muslo.
    
    Gabriela respiraba entrecortado, más por lo que pasaba dentro de ella que por lo que él hacía afuera. Sentía que si no se movía, si no rompía el silencio, algo iba a suceder, algo que no tendría marcha atrás.
    
    Pero no lo hizo.
    
    —¿Te calienta pensar en lo que pudo pasar entre nosotros? —repitió él, casi susurrando, su voz grave, pegada a su oído.
    
    Gabriela tragó saliva. Sabía que decir “sí” era cruzar una línea. Pero el cuerpo la traicionó, sus muslos se tensaron, la piel se le encendió, el recuerdo de Adrián ya no era un escudo, era solo eso: un recuerdo.
    
    Mateo bajó la mano lentamente, rozando la parte interna de su muslo, apenas con los dedos, sin presión.
    
    —Dímelo, Gabi.
    
    —Sí… —susurró, sin mirar—. Me calienta.
    
    Él no reaccionó de inmediato. Se quedó ahí, observándola. Como si estuviera leyendo no solo su deseo, sino su culpa, su duda, su impulso.
    
    —¿Y si yo ahora... —murmuró, acercándose más— te besara... acá? —le rozó el cuello con los labios.
    
    Ella cerró los ojos. Su espalda se arqueó sin querer. Su cuerpo ya no obedecía a su lógica.
    
    —¿Y si metiera la mano por debajo de tu ...
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