1. LSG Capítulo 2: Lo que me calienta de ti


    Fecha: 19/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Noctis Rouge, Fuente: TodoRelatos

    ... 10:03 pm, y al salir, Mateo ya estaba esperándola junto a los jardines. Tenía una botella de agua sabor durazno en la mano. Ella sonrió, medio incrédula.
    
    —¿No decías que estas cosas eran “agua de mentira”?
    
    —Y lo sigo pensando. Pero a ti te gustan, así que... —encogió los hombros.
    
    Caminaron un poco por los pasillos laterales de la universidad. Ella se quitó el cardigan por el calor y lo colgó en el brazo. Mateo le hablaba de cosas sueltas: de la cachorra, de la flojera que le daban las tareas en grupo, de lo mal que estacionaba el nuevo guardia.
    
    —Sobre ayer... —dijo de pronto—. Perdón. Me pasé. Me dejé llevar.
    
    Gabriela se encogió de hombros.
    
    —Pasa. Solo fue raro. Hace tiempo que no estábamos así, tan... cerca.
    
    Mateo la miró con una media sonrisa, como si algo se le hubiese escapado sin querer.
    
    —Sí. Y creo que los dos nos dimos cuenta de eso.
    
    Se quedaron en silencio por un momento. Al fondo, el sonido de una clase aún dictándose, era el único salón con luz encendida. Doblaron por uno de los pasillos más alejados, justo el de los salones que solo se abrían para seminarios o talleres que a esa hora, estaban vacíos.
    
    —¿Tú estás bien? —preguntó él, de pronto.
    
    —Sí.
    
    —¿Y con Adrián?
    
    Gabriela lo miró de reojo. Dudó un segundo.
    
    —Estamos bien. Es... diferente.
    
    —¿Diferente a qué? —preguntó, sin ironía, pero con intención.
    
    —A esto —respondió, bajando un poco la voz—. A ti.
    
    Mateo se detuvo. Ella también. El pasillo estaba vacío. Solo las ...
    ... luces fluorescentes titilando al fondo.
    
    Él la miró serio.
    
    —Gabi, si me das pie, no sé si pueda volver a hacerme el idiota como ayer.
    
    Ella sonrió, ladeando la cabeza.
    
    —¿Y quién dice que te di pie?
    
    Mateo se acercó un poco más. No invadía, pero tampoco retrocedía.
    
    —Tú no necesitas hacerlo. Tu forma de mirar ya lo hace todo.
    
    Ella sintió un calor ascender por el cuello. Dio un paso hacia atrás y su espalda tocó la pared.
    
    —Estamos en un pasillo —dijo, como si eso fuera suficiente para romper el momento.
    
    —Lo sé. Y tú sigues sin moverte.
    
    Los ojos de ambos estaban fijos. Gabriela tragó saliva. Su cuerpo decía una cosa, su cabeza otra.
    
    —No va a pasar nada —murmuró.
    
    —No tiene que pasar nada —dijo él, acercando su mano a la pared, al lado de su rostro—. Solo quiero saber si todavía te pasa lo mismo que a mí cuando estamos cerca.
    
    Gabriela lo miró, seria, confundida, tentada.
    
    —Eso no se pregunta —susurró—. Se sabe.
    
    Y con eso, la tensión volvió. Como si nunca se hubiera ido. El aire entre ambos se volvió denso. Mateo no la tocó, pero su cercanía ardía, ella podía sentir su respiración, el leve temblor en su propia pierna. Nadie hablaba. Nadie se atrevía a romperlo.
    
    Hasta que escucharon unas voces venir desde el otro pasillo.
    
    Gabriela se despegó de la pared de golpe, riendo nerviosa, pero en lugar de decir algo más, Mateo le tomó la muñeca con suavidad y la jaló hacia uno de los salones con la puerta entornada. Cerró con un empujón, dejándolos ...
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