1. La casa grande


    Fecha: 05/05/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: slipper, Fuente: TodoRelatos

    ... Héctor.
    
    -¿Me entrometo yo entre usted y su personal doña Pilar?
    
    -No, nunca lo ha hecho, sólo digo que es un buen chico, no sea muy duro con él.
    
    -Tendrá su merecido, y si tiene alguna queja, se lo puede decir a don José.
    
    Y cuando salían por la puerta de camino a las cuadras Carmina no pudo reprimir un puñetazo de rabia encima de la mesa y dijo entre dientes y con rabia acumulada.
    
    -Malnacido, hijo de puta.
    
    -Niña PLASS
    
    Doña Julia la cocinera le pegó un bofetón a su pupila y pinche, pero más por miedo a que la escucharan que como reprimenda.
    
    -¿No ves que si te escucha te puede hacer cualquier barbaridad.? Es el ojo derecho del amo, ya lo sabes.
    
    -Lo siento doña Julia, pégueme si quiere, me lo merezco, pero es muy injusto, Luis en muy bueno BUAAAAAAAAAAAAAAAA
    
    Y a todos se nos partió el corazón al ver las lágrimas de Carmina que sentía algo más que amistad por el pobre Luis, entonces Julia lejos de castigarla, la acogió entres sus voluminosos pechos y la abrazó consolándola.
    
    A mí me hervía la sangre de rabia, pero también quería presenciar el castigo, no sé muy bien que sensación era la que me invadía, si era curiosidad, rabia, morbo, el caso es que tras el desayuno y antes de que me mandaran nada me dirigí a las cuadras, entré por la puerta de atrás, y desde un altillo pude ver de primera mano aquella escena que no olvidaré mientras viva.
    
    -Ya sabes como ponerte!
    
    -Don Héctor por favor. Dijo el pobre con lágrimas en los ojos.
    
    -No tengo ...
    ... toda la mañana, bájate los pantalones y apóyate en la pila.
    
    Me extrañó que mi amigo Luis no sólo se bajara los pantalones, sino que también lo hiciera con los calzoncillos, mientras don Héctor se quitó la chaqueta, la dobló y la dejó cuidadosamente sobre una alpaca de paja, después de desabotonó la manga derecha de su camisa y se remango dicha manga, y por último se desabrochó el cinturón...el cabrón le iba a dar con la correa.
    
    De inmediato empezaron los zurriagazos, sobre las nalgas desnudas y blancas de mi amigo, a cada azotazo le seguía un quejido que denotaba verdadero dolor.
    
    -SPALSHHHH ….. AHHHHHHHHH
    
    - SPLASHHHHHH …. AUUUUUU
    
    -SPLASHHHHH…. ARGHHHHHHHHH
    
    Se notaba que no era la primera paliza que daba ese engreído, el brazo lo movía con fuerza y elegancia a la vez, y mi cabeza era un torbellino de ideas, por un lado estuve a punto de saltar sobre su yugular y parar aquella injustísima paliza, pero por otro lado sabía que aquello supondría el fin de mis días allí, pero también y porque no decirlo, también sentía cierto deseo insano de seguir viendo el espectáculo, y aunque me avergoncé de mi mismo, me quedé hipnotizado viendo aquella tremenda azotaina.
    
    Pero aún no había visto nada, la traca final estaba por venir. Cuando llevaba no menos de 25 o 30 correazos que hicieron aullar de puro dolor al mozo de cuadras, me quedé patidifuso, al ver como don Héctor dejó caer su cinturón y lentamente se acercó a su víctima, y se abrió la cremallera sacando un enorme ...