1. Todo comenzó con un beso 10


    Fecha: 08/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Mandarina, Fuente: TodoRelatos

    ... suave!
    
    —¿Muy fuerte? —pregunté, acercándome más, a centímetros de su cara—. Pues prepárate, porque acabo de empezar.
    
    Lo que no dije —pero que él entendió— fue que la guerra ya había empezado.
    
    Y yo no pensaba perderla.
    
    Estábamos en el borde de la alberca, Sebastián entre risas, yo con la pistolita de whisky aún en la mano, y el aire ya medio denso por tanto alcohol y sol. Elisa se había recargado cerca, esa sonrisita suya clavada en la cara como si estuviera viendo un reality show donde ella era la conductora.
    
    —Y bueno —dijo, subiendo la voz con tono de chisme barato—, ¿y ustedes cómo se conocieron?
    
    Puta. Madre.
    
    No lo dije en voz alta, pero lo grité por dentro. Tan fuerte que casi me retumbó.
    
    La pregunta vino como un balde de agua helada. No teníamos una historia para el cómo nos conocimos…
    
    Me giré hacia ella y sonreí, claro, porque una dama siempre sonríe cuando quiere arrastrar a otra por el piso. Pero por dentro estaba tragándome un insulto del tamaño de su ego.
    
    Mire a Sebastián buscando algo. Un apoyo, una señal, lo que fuera. Y ahí estaba él, recargado la pared de la alberca, ya visiblemente pedo, con los ojos entrecerrados, medio rojo, medio ido, y una sonrisita torcida de quien no va a poder ayudarte ni aunque lo intentara.
    
    Fantástico.
    
    ¿Cómo nos conocimos?” Claro. Cómo no. ¿Qué sigue? ¿Dónde fue nuestra primera cita? ¿Qué perfume uso? ¿Cuál es mi color favorito cuando estoy montada en su verga?
    
    Tuve que pensar rápido. Juro que en ...
    ... esos segundos mi cerebro hizo más conexiones que en todo el puto año escolar pasado.
    
    —Fue en una fiesta —dije al fin, sonriendo como si me acabara de acordar de algo tierno—. Un amigo en común. Los dos habíamos dicho que no queríamos ir… pero terminamos ahí igual. Ya sabes cómo son esas cosas.
    
    Elisa asintió como si le importara. No. Como si estuviera evaluando la historia, buscando grietas. Perra.
    
    —Ay, qué cute —dijo—. ¿Y quién se lanzó primero?
    
    Dios, qué ganas de aventarla de cabeza al jacuzzi con la tapa puesta.
    
    Pero volví a sonreír.
    
    —Él —respondí con voz suave, acariciando el brazo de Sebastián—. Totalmente él. Yo ni lo había notado.
    
    Eso lo hizo reír, aún con los ojos entrecerrados.
    
    —¡Eso no es cierto! —soltó él, medio arrastrando las palabras—. Tú me veías… desde el inicio, cabrona.
    
    Las risas estallaron. Todos disfrutando del momento, de la parejita graciosa. Pero Elisa… ella seguía con esa sonrisita pegada como calcomanía barata.
    
    —¿Y cuánto llevan juntos?
    
    Y otra vez la presión. Otra vez su tono como el de una amiga curiosa cuando lo que quiere es meterse donde no debe.
    
    —Poco —dije, casi en automático—. Todo ha sido muy intenso, muy rápido. Pero cuando sabes… sabes, ¿no?
    
    Y eso sonó tan falso que hasta yo tuve que parpadear. Pero la forma en que lo dije, con esa entonación dulce, con la mano sobre el pecho de Sebastián, le daba el toque perfecto. A los demás les bastó. A ella no.
    
    —¿Y ya habían venido juntos antes?
    
    ¿Tienes un puto ...
«1234...»