1. Compañeros - Capítulo 27: Costa Azul caliente


    Fecha: 11/05/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... la llevaba así hasta la cama king-size que dominaba la habitación.
    
    La depositó sobre el colchón con cuidado, pero enseguida volvió a la carga, colocándose encima de ella. Se besaron con ansias renovadas; las manos de Alain viajaron a entrelazar los dedos con los de Carlota por un momento sobre la almohada, inmovilizándola suavemente, mostrando su dominio. Esa sutil sumisión voluntaria hizo que la humedad entre las piernas de la joven se intensificara. Lo quería dentro, ya.
    
    Como adivinando sus pensamientos, Alain liberó una de sus manos y la dejó descender por el vientre plano de Carlota, explorando con experticia hasta hallar la calidez húmeda entre sus muslos. Carlota jadeó fuerte cuando los dedos de él encontraron su sexo empapado. Alain sonrió contra su cuello y comenzó a masajear su clítoris con lentitud circular, mientras sus labios volvían a conquistar su boca para beberse sus gemidos. El cuerpo de Carlota reaccionó al instante; un fuego líquido se propagaba desde ese punto entre sus piernas hacia cada extremidad.
    
    —¿Te gusta así? —susurró él, la voz cargada de lujuria.
    
    —Mmhm… sí… —gimió ella de vuelta, moviendo las caderas instintivamente en busca de más fricción.
    
    Los dedos de Alain se hundieron un poco más, separando delicadamente sus pliegues íntimos. Uno de ellos se deslizó dentro de ella, explorando su entrada con un vaivén lento. Carlota casi gritó de placer, tapándose la boca con el dorso de la mano por reflejo. Hacía tiempo que no la tocaban así; ...
    ... la sensación de unos dedos ajenos invadiéndola era extraña y exquisita al mismo tiempo. Alain agregó un segundo dedo, estirándola, preparándola, mientras aumentaba el ritmo de las embestidas digitales. Los jugos de Carlota mojaban sus dedos y ella podía oír el sonido húmedo y provocativo cada vez que él entraba y salía de su interior. Estaba completamente perdida, entregada a aquel hombre que apenas conocía pero que sabía exactamente cómo encenderla.
    
    Cuando sintió que el orgasmo empezaba a arremolinarse peligrosamente cerca —algo vergonzosamente rápido por la maestría del francés—, Carlota tiró de su muñeca.
    
    —Para… si sigues me voy a correr… —susurró entrecortadamente. No quería terminar tan pronto; quería sentirlo a él, su miembro, llenándola.
    
    Alain entendió la súplica en sus ojos. Con un gruñido aprobatorio, retiró sus dedos lentamente, provocándole un escalofrío al vaciarla. Sin perder más tiempo, se incorporó para quitarse los bermudas y bajar también su ropa interior. Carlota abrió bien los ojos al verlo por fin desnudo: su erecta virilidad se alzaba gruesa y vigorosa entre sus muslos fuertes. La mera visión hizo que el corazón le diera un brinco y la entrepierna le palpitara de anhelo.
    
    Impulsiva, Carlota se incorporó sobre sus rodillas antes de que Alain volviera a acomodarse. Sus manos pequeñas rodearon la base del miembro masculino, notando la piel tersa y ardiente bajo sus dedos. Alain soltó un siseo de placer al sentir ese toque.
    
    —Mon dieu… —murmuró él ...
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