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Compañeros - Capítulo 27: Costa Azul caliente
Fecha: 11/05/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... las piernas aún ligeramente temblorosas. Antes de irse, Alain la estrechó contra él una vez más, robándole un último beso, más tierno esta vez. —Merci, chérie —susurró con una sonrisa traviesa, rozando su nariz con la de ella. Carlota rió quedamente, sintiendo aún el sabor de él en sus labios. —Gracias a ti… Ha sido… —se mordió el labio, buscando palabra— inolvidable. Él se despidió con una caricia final en su mejilla y se escabulló pasillo abajo. Carlota cerró la puerta con el corazón aún galopando. Reclinó la espalda contra la madera un instante, asimilando que realmente había sucedido: acababa de acostarse con un desconocido hermoso, y lo peor (¿o mejor?) de todo era que no sentía culpa alguna. Al contrario, una oleada de euforia la invadía. Y quería contárselo todo a Miguel. Confesiones Nocturnas Apenas unos minutos después de que Alain se marchara, Carlota agarró el teléfono con manos aún ligeramente temblorosas. Era tarde, pero sabía que Miguel estaría despierto esperando noticias suyas. Con el pulso acelerado, salió a la terraza de su habitación para tener más privacidad; la noche estaba templada y las olas rompían tranquilas en la orilla, proporcionando el telón de fondo perfecto para su excitación aún latente. Marcó el número de Miguel y éste contestó al primer tono. —¿Carlota? —saludó él, con la voz curiosa y algo adormilada. —Hola… ¿Te desperté? —preguntó ella en susurros, cerrando la puerta del balcón tras de sí. —No, no… —Miguel ...
... hizo una pausa, percibiendo la tensión en la voz de su novia—. ¿Estás bien? Suenas… diferente. Carlota se pasó la lengua por los labios, aún hinchados por los besos de Alain, y sonrió en la oscuridad. —Estoy bien. Mejor que bien, de hecho —admitió, notando cómo su corazón redoblaba el ritmo—. Miguel… ha pasado algo. Al otro lado, él guardó silencio unos segundos antes de responder, con un hilo de expectación en la voz: —Cuéntame. —¿Recuerdas al entrenador del que te hablé? —comenzó ella, caminando descalza por la terraza. Tenía la adrenalina burbujeando bajo su piel—. El francés del gimnasio… —Sí, el que te estaba echando ojitos, ¿no? —Miguel sonaba más despierto de repente. Carlota tragó, sintiendo un calor subir a sus mejillas a pesar de estar sola. —Esta noche estuvo conmigo en la habitación. Lo soltó de golpe, sin rodeos. Al otro lado solo se escuchó la respiración de Miguel, que se había quedado sin palabras por un instante. Finalmente, carraspeó: —¿Estuvo contigo… qué significa exactamente? —Que nos acostamos —dijo ella, notando cómo se erizaba su piel al confesarlo en voz alta—. Tuvimos sexo, Miguel. El silencio que siguió fue intenso pero no incómodo. Carlota podía imaginar la mente de Miguel procesando la imagen, su corazón quizás punzando entre celos y morbo. Decidió llenar esos segundos describiendo, atreviéndose a darle detalles: —Fue increíble… —continuó en un tono casi soñador—. Es muy guapo y atlético, tal como te dije. Me ...